domingo, 31 de mayo de 2009

FERIA DE CÓRDOBA. Miguel Ángel Delgado promete

Reproducimos la crónica taurina que D. Francisco Javier Domínguez realiza para El Día de Córdoba, sobre la corrida de ayer, sábado 30 de mayo, de las de la Feria de Córdoba.




El torero de Écija destaca el día de su alternativa ante un buen toro de Gavira mientras que Talavante está frío y Julio Benítez, con el mejor lote, deja muchas dudas tras su nueva comparecencia en CórdobaFrancisco Javier Domínguez

El sopor nos invadía. Creíamos que íbamos a ser víctimas del aburrimiento. La tarde se puso plomiza y hasta cayeron algunas gotas antes del inicio de la corrida, pero lo peor de todo era el aburrimiento. Los típicos vocingleros que andan pidiendo música desde la grada exigían a la banda que tocara como medio para sacar al público del tremendo hastío que pesaba sobre nuestras cabezas. Ni los de los cubos de agua fría pasaban para la aliviar del calor a los escasos habitantes que nos dimos cita en el erial llamado Los Califas. Erial de cemento al que este año ha ido menos gente que nunca. Necesitábamos como el comer algo que nos reconciliara con esta Fiesta en la que los aficionados cabales caben en un Simca, ya ni en un autobús, pues eso era en los tiempos de Jesulín. Para colmo el listón de la presentación del ganado ha caído estrepitosamente en esta plaza, que es de primera, recuerden.

Y llegó Miguel Ángel Delgado, de blanco y plata, de durse. Tomaba la alternativa en un erial –apenas sonaron palmas cuando recogió los trastos de manos de Talavante–, pero pareció no darle importancia porque para combatir el desierto se había traído algunos autobuses de Écija –nunca está mal que los de casa te echen una mano–. Y salió Miguel Ángel en el sexto, cuando ya las esperanzas de los sufridos asistentes se habían desvanecido como la propia Feria, cuando ya las esperanzas se reducían a un torero delgadito y poca cosa y a un toro de Gavira de escaso trapío, como toda la corrida, pero de bonitas hechuras y con calidad.

Y la gente despertó, vaya si despertó. Hasta entonces todo habían sido mantazos a cargo de dos señores apellidados Benítez y Talavante. Pero Delgado, que tiene un corte de torero excelente, toreó de verdad, sin cuentos, con cabeza y verdad, con ajuste y calidad, como los aficionados quieren que se toree. No les voy a decir que la de ayer fuera la faena de la Feria, pero cerca le anduvo. De haberle durado algo más el toro y de haber matado estaríamos hablando de un triunfo importante. Lamentablemente pinchó y el toro fue menguando en una labor a de más a menos, pero en el recuerdo de los aficionados quedan los planteamientos de un diestro que promete, y mucho. El animal se había movido bien en los capotes en el segundo tercio. Acudía presto a las telas y Delgado le planteó un inicio por alto muy torero. Se veía al toro ir largo y el diestro hizo lo que hacen los toreros grandes: le dio sitio y lo cito de largo, sin complejos. Lejos de intentar acortar distancias, el ecijano enseño el burel y así surgieron dos tandas por el pitón derecho muy acopladas y con sentido del temple. Delgado siguió en la misma línea de colocación perfecta y de intentar rematar atrás los muletazos. Poco a poco brotaron pases que supieron a gloria tras el hastío anterior, y se echó la pañosa a la mano izquierda. Ahí consiguió cuatro naturales de excelente calidad, sobre todo el tercero de la serie, que fue tremendo. Quizá el mejor natural de la Feria, pues enganchó alante y se enroscó al toro dándole salida perfecto. Duró un cuarto de hora el pase. Eso es un natural, no los medios muletazos que dan algunos y se creen con ello que son Lagartijo.

Tras esta tanda por el izquierdo se vio como se apagaba el animal y él le dio sitio de nuevo, lo veía perfecto. Porque la gran virtud de Delgado fue que lo vio ayer claro aunque en el último tramo de la faena dudó por el izquierdo, hubo un enganchón y él se descolocó un punto. Dio la sensación de que el torero se había descentrado. A partir de ese momento tiró del recurso del circular invertido y siguió con las manoletinas dándole sitio otra vez al toro, que volvió a responder. Faena de más a menos por tanto pero que supo a gloria e insufló algo de ilusión a los sufridos espectadores. Luego pinchó y le pasó lo que en Madrid. Así es que debe tomar nota, porque de grandes toreros que han fracasado por culpa de la espada está y ha estado siempre el escalafón lleno.

Con el toro del doctorado, Campolargo, poco pudo hacer el toricantano, puesto que se quedó parado y sólo pudo apuntar muletazos que no llegaban porque el animal era un muerto en vida. Incluso se echó a los lomos al torero porque se quedaba en mitad del viaje ya cuando no podía con su alma.

Después de ver esto, a los asistentes al festejo se les fue de la cabeza lo realizado por Talavante y por Benítez. Talavante estuvo frío con el primero de su lote, que era noble. No obstante, se le notó disposición y estuvo aseado mientras el animal aguantó el tirón. Hubo un par de tandas buenas por el derecho y algo por el izquierdo, pero poco más. Luego cercanías sin sentido, escasa colocación y fracaso a espadas. Con su segundo, estuvo descolocado en todo momento, aún más frío que en el toro anterior.

Benítez tuvo un buen lote que no aprovechó. Se le notó dispuesto y con ganas, pero para ser torero hay que dar el paso adelante. El primero de su lote resultó uno de los toros de la tarde. Empezó bien pasando al toro por alto sin enmendarse y luego se lo sacó a los medios. La primera tanda por el derecho fue aseada, pero ya en la segunda comenzó a pegarle tirones a la embestida porque no le cogía el ritmo. Luego por el izquierdo lo intentó también, pero estaba descolocado siempre, y fuera de cacho no se transmite. Se puso de rodillas y el toro, apagado ya aunque muy noble, le permitió los alardes. Le pidieron la oreja mayoritariamente, pero el presidente no la concedió.

El quinto, que iba y venía sin fijeza en los capotes durante los primeros tercios, se enmendó en la muleta y rompió a embestir, aunque Benítez no consiguió tampoco acoplarse. Inició de rodillas bajo el tendido uno y se recorrió media plaza intentando someter al animal, que era el típico manso que sirve para la muleta. Pero Julio no embarcó bien las embestidas ni terminó de colocarse en el sitio donde su padre, que por cierto ayer no estuvo, se ganó a ley el V Califato.

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