martes, 18 de octubre de 2011

JAÉN. David Galván y Conchi Ríos sufren aparatosas cogidas en La Alameda

PLAZA DE TOROS DE JAÉN, lunes 17 de octubre 2011Enrique Alonso / JAÉN



Ganado: Seis novillos de Apolinar Soriano, que estuvieron bien presentados. Fueron exigentes y trataron de cobrarse cada error de los espadas delante de la cara. El primero de David Galván y el segundo de Juan Ortega sobresalieron del resto y dieron posibilidades para el lucimiento.
Novilleros:
Conchi Ríos no estoqueó su primero al ser cogida y ovación.


David Galván, ovación (en el de Conchi Ríos), dos orejas y ovación.


Juan Ortega, ovación y silencio.


Incidencias: Casi un cuarto de entrada en el tercer festejo de la feria . Conchi Ríos fue cogida en su primero y tuvo que ser atendida en la enfermería. Sufrió una contusión en el pubis de pronóstico menos grave. Salió a estoquear al cuarto. David Galván también resultó herido por este mismo animal. Al finalizar, pasó a la enfermería donde se le diagnosticó una posible fractura de los huesos de la nariz y policontusiones.

David Galván y Conchi Ríos sufren aparatosas cogidas en La Alameda



Sangre novillera en el coso de La Alameda. A David Galván le salía de la nariz después de ser prendido por el primero de la tarde. De hecho, ni siquiera era su novillo. Le correspondía su lidia y muerte a Conchi Ríos, que entonces ya se encontraba en manos de los médicos en la enfermería de la plaza de toros.

Los novillos que vivían en La Carolina y trajo Apolinar Soriano no fueron malos, pero sí muy exigentes y, generalmente, esto es terrible cuando delante hay chavales con muchas ganas, pero sin la experiencia de un matador.

Conchi Ríos abrió plaza. Le pudo a la verónica y le bajó las manos. El novillo humillaba y hacía cosas buenas hasta que se orientó con el capote. Queda la duda de si esa era su condición o se dio cuenta de que se le dudaba con los engaños. Llegó a la muleta con las cosas claras. Sabía dónde estaba Conchi y dónde el engaño. En la primera serie optó por la franela. Fue con la derecha. En la segunda prendió a la joven. La cogió de la ingle y le levantó unos segundos las zapatillas del suelo. Tuvo que pasar a la enfermería aunque, por fortuna, solo se llevó un fuerte golpe, que la dejó algo mareada.

Mientras, David Galván cogió la muleta y se dispuso a lidiar el animal, que no le dejó dar una sola serie. A este también lo cogió. Primero, lo echó al suelo tras voltearlo de los muslos. Luego, le metió el pitón por la cintura. Por suerte, se quedó entre la camisa y la chaquetilla y no le caló. Fue tan dramática que David Galván debe agradecer que solo le hiciera sangrar por la nariz. Estoqueó al novillo y recibió una ovación.

Se corrió el turno y el segundo de la tarde fue el astado de Juan Ortega —que debía salir en tercer lugar—. Lo paró a la verónica sin demasiado lucimiento y, luego, empezó bien con la muleta. Los toques eran suaves, al igual que el movimiento del engaño. No obstante, no se acabó de confiar para apretarle al utrero, por lo que el animar se puso más complicado. Le costó matarlo. David Galván aprovechó uno de los novillos importantes de la tarde. Le cortó las dos orejas y casi estuvo como un matador de toros. Con el capote no se lució demasiado, pero estuvo bien con la muleta. Lo llevó largo en redondo, bajó la mano y templó. Inició la faena con un trasteo por alto y, luego, levantó al público con dos buenas series de derechazos. También dio otra con calidad al natural. Aguantó parones, ya que sabía que el animal obedecía a los toques. Aprovechó esto para, incluso, torear mirando al tendido. Acabó con un circular invertido, cuatro manoletinas, un pase de la flores y otro de pecho. El público premió su actuación con la puerta grande.

Conchi Ríos le dudó demasiado al cuarto con el capote. Al final, su subalterno Manuel Peña se encargó de pararlo, llevarlo al caballo y sacarlo. Con la muleta, dio dos series poderosas en los medios. Aprovechó embestidas largas. El astado la miraba, pero obedecía a los toques, lo que le debería de haber dado confianza. Cambió al natural pero, cuando volvió a la derecha, le dudó y el novillo se puso más complicado. Mató de media trasera y recibió una ovación. David Galván recibió al quinto a la verónica con los pies juntos, pero no llegó a levantar los tendidos. Miraba por encima del capote y tenía siempre la idea de rajarse. Dio dos series templadas con la derecha. Luego, ayudados con la espada. Lo intentó con ambas manos, pero el animal no quería demasiada pelea y Galván tampoco se acopló. Tampoco era fácil.

Juan Ortega no estuvo bien en el último. No se confió y quitaba los engaños para torear de uno en uno cuando el animal deseaba ligazón porque perseguía la muleta. Quería menos cercanía y más distancia y, sobre todo, nunca debió permitir que le enganchara tanto los trastos para evitar un molesto cabeceo que desarrolló durante la lidia. Le costó matarlo. La novillada de Apolinar Soriano no fue mala, pero sí difícil. Matadores cuajados y con las ideas claras habrían usado su experiencia para aprovechar los pitones buenos, no dudarle, bajar las manos y poderles. Así algunas reses hubieran ido a mejor. Otras, quizás no. Pero, ayer eran novilleros en proceso de formación, que dieron un paso más en su aprendizaje a costa de sangre y mucho sudor, pero con la cabeza alta y sin lágrimas.





Fuente: diariojaen.es

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