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sábado, 20 de agosto de 2011

MÁLAGA-FERIA DE AGOSTO 2011. Videoresumen y crónica del festejo sufrido el viernes 'tarde' y 'nocturno' 19 de agosto 2011.

Fandiño es cogido en el segundo de su lote. A. Pastor



MÁLAGA Plaza de la Malagueta. 19 de agosto (festejo de la tarde). Corrida de feria. Casi lleno.
Toros de Román Sorando, muy mal presentados, mansos, inválidos, descastados y sosos.
Javier Conde: pinchazo atravesado, cuatro descabellos -aviso-, dos descabellos -2º aviso- y tres descabellos (bronca); media atravesada (algunos pitos).
Morante de la Puebla: pinchazo y media (palmas); pinchazo y media -aviso- dos descabellos y el toro se echa (ovación).
El Juli: media estocada (oreja); estocada caída (silencio).

Reproducimos la crónica que sobre este festejo realiza`para elpais.com D. Antonio Lorca, que suponemos que sufriría con paciencia y resignación, al igual que los espectadores que la vimos por TV, semejante tarde. Tarde en la que D.Javier Conde demostró que está "cumbre" o mejor dicho: "sima".











Gatos y borregos



Una faena de engañabobos valió a El Juli una oreja de latón



Que nadie se llame a engaño: se anunciaba una corrida de toros en la feria de Málaga, pero no hubo tal. Lo que salió por chiqueros fueron gatos; mejor dicho: cuatro gatitos -primero, segundo, cuarto y sexto- y dos borregos. Los primeros, ya se sabe, son animales de unos cinco decímetros de largo, las patitas cortas y muy útiles para cazar ratones. Los borregos alcanzan hasta los ocho decímetros de altura y son suaves e inofensivos. Con el debido respeto para gatos y borregos, así fue el asunto. Bueno, aún peor: no solo no tenían cara de toros, sino que salían tullidos, ayunos de toda clase de fuerza -ninguno fue picado-, mansos hasta la desesperación y descastados de manual. Tamaño dislate pone en cuestión un día más la categoría de esta plaza; pero tal pecado no es exclusivo de Málaga. Igual ha ocurrido en Sevilla y Madrid esta misma temporada.
Téngase en cuenta que ayer concurrían dos figuras del toreo actual: Morante de la Puebla y El Juli, y ambos son apoderados por los señores Curro Vázquez y Roberto Domínguez, respectivamente, y los dos se han ganado merecida fama de exigir lo más chico y birrioso del campo bravo para sus poderdantes. Y ayer se colgaron una nueva medalla: lo que salió al ruedo malagueño es una vergüenza que pone de manifiesto el talante de los taurinos actuales.
No hubo enfado, no obstante, en la plaza, porque ya se sabe que los públicos de hoy son generosos con los becerros inválidos y aplauden a los picadores que se limitan a mirar al horizonte.
Hubo bronca, eso sí, a Javier Conde, que estuvo toda la tarde sin estar en él, pasó las de Caín sin motivo aparente, se mostró inhibido y sufrió las inclemencias de sus paisanos. Su primero era una cabrita sin pitones, y fue objeto de una lidia desastrosa e impropia de un señor vestido de luces. Hizo alardes Conde de una extraña y exagerada precaución y su gente lo abucheó sin piedad. Quiso enmendar el marrón en el cuarto, pero no fue posible. Era el suyo otro chiquitín inválido, y Conde lo citaba con la muleta en exceso retrasada y escaso ánimo. El torillo se cansó de tal bailoteo, le volvió la cara y se refugió en tablas.
Habrá que concluir que Morante se presentó animoso y decidido, porque parece que quiso, aunque no pudo ser. Imposible que fuera con la basura que lidió en primer lugar, un gato hundido en la miseria del descastamiento. Un molinete por aquí, un derechazo por allá, una trincherilla... Bisutería barata. Y volvió a intentarlo en el quinto, un borrego sosísimo que no le permitió más que salir airoso de un par de apuros.
Y quedaba El Juli, otra figura de postín, que tampoco tiene reparos en protagonizar bochornosos espectáculos como el de ayer. ¿Qué necesidad tendrá este gran torero de ponerse delante de ridículos gatos? ¿Por qué él y otros tantos como él se empeñan en engañar a los benditos públicos que siguen llenando las plazas? Algún día, más pronto que tarde, lamentarán tal osadía. Una faena de engañabobos ante otro inválido le valió una oreja de latón, y se limitó a pasaportar al sexto, que era un muerto en vida.




CRÓNICA DE LA NOCTURNA
MÁLAGA Corrida nocturna.Plaza de Málaga, 10ª de Feria. Un tercio de plaza.
Cinco toros de Los Recitales y uno, primero, de Luis Algarra, bien presentados, todos mansos y complicados con especial mención para el quinto, un marrajo.
Salvador Cortés, obispo y oro, estocada tendida (vuelta al ruedo). En el cuarto, pinchazo y media tendida (silencio). Mató al quinto por herida de Fandiño de dos pinchazos y media estocada.
Iván Fandiño, lila y oro, dos pinchazos y estocada atravesada (silencio). En el quinto, cogido (saludos de la cuadrilla). Parte. Herida inciso contusa cara anterior de la pierna derecha desde la región del maleolo interno a tercio medio de pierna en una extensión de 25 cm con trayectoria hacia arriba y adentro de 15 cm, afectando piel, tejido celular subcutáneo y aponeurosis seccionando la vena safena y contusionando la tibial posterior con afección muscular de tibial posterior disecando en su parte superior hasta el músculo gemelo interno. Se comprueba pulso a nivel de maleolo interno de a. Tibial posterior y pedio que son normales. Contusión cara interna rodilla izquierda. Exploración de ligamentos cruzados y lateral interno normales. Pronóstico grave.
Esaú Fernández, blanco y oro, estocada tendida trasera (saludos). En el sexto, pinchazo y estocada (vuelta al ruedo).



Reproducimos la crónica que realiza D.Carlos Crivell, para elmundo.es, de este festejo nocturno:









Grave cogida de Fandiño


La nocturna fue un suplicio. Se ha dicho hasta la saciedad que es un tipo de festejos impropio de una feria seria. Este espectáculo de la noche del viernes lo confirmó. Poco público y la noche como acompañante ingrato para la lidia. Caminaba el festejo por los cauces de la rutina de unos toreros voluntariosos frente a toros mansos y broncos, cuando en el quinto surgió el grave percance de Iván Fandiño, que se llevó un cornalón por ser un torero honesto.
El quinto era un tío de Madrid. Será preciso recordar que poco antes, y en estos días pasados, las figuras han matado raspas ridículas, y que en la noche, con toda la alevosía del mundo, se les preparó a una terna modesta una encerrona con toros inmensos de presencia. La autoridad ha permitido la lidia de toros chicos y en la noche, con poca gente, luz artificial y un ambiente poco taurino, soltaron el toro íntegro. Ese quinto fue un marrajo al que Fandiño le planteó faena como si fuera una perita en dulce. Doblones perfectos para abrir su labor, dos tandas con la derecha dejándose llegar los pitones al muslo. El toro metía la cara alta con mala saña. Se pasó la muleta a la izquierda y, cuando trataba de cerrar una tanda, el toro le echó mano y lo zarandeó de forma impresionante por la pierna derecha. Conmoción en la plaza y el torero a la enfermería con un reguero de sangre por el ruedo. Sangre de torero macho que no volvió la cara a un toro manso y de mala clase. Eso es jugarse la vida, por ello cuando la banda, en un alarde más de desconocimiento taurino, quiso tocar el pasodoble, Fandiño la mandó callar porque sabía que se la iba a jugar. Y se la jugó como nadie lo ha hecho en esta Feria.
Todo lo demás es la historia de un festejo lamentable. Todos los toros fueron mansos integrales, como si la noche cambiara su sangre supuestamente brava por veneno manso y de la peor leche del mundo. Manso el de Algarra, al menos noble, y también los de Los Recitales, de infausto recuerdo ya en La Malagueta.
Salvador Cortés le robó pases como bien puso al de algarra en una persecución por todos los rincones de la plaza. Se mostró generoso con el huidizo animal de Algarra, un tío que no quisieron las figuras ni de sobrero. El cuarto fue manso y peligroso. Cortés estuvo habilidoso para quitárselo de encima sin que su integridad sufriera.
Esaú Fernández bregó con otras dos prendas complicadas. Fue brusco el tercero e imposible el sexto. Le echó voluntad en las largas de saludo, los lances y remates de rodillas. Toreó con habilidad al tercero y aún más al sexto, que lo buscó para que se fuera al hule con Fandiño. Con tan poco bagaje salió de la plaza por su pie con el reconocimiento popular en una vuelta para que siga aprendiendo bien el oficio. Menuda papeleta para un chaval con veinte años y cuatro corridas de toros a sus espaldas.
Fandiño no pudo darle ni un pase al segundo, que no encontró ninguna puerta abierta para irse a la dehesa. Como es un torero macho, era su presentación en La Malagueta y busca la gloria, quiso torear al quinto como si fuera un becerro de los que han matado, con el consentimiento de la autoridad, las figuras en esta Feria y lo pagó con su sangre. Gloria a los toreros de cuerpo entero.

domingo, 7 de agosto de 2011

HUELVA. FERIA DE LAS COLOMBINAS. Reseña y crónica de la corrida de toros del sábado 6 de agosto.CUVILLO/EL JULI, PERERA, TALAVANTE

Miguel Ángel Perera, en un pase cambiado por la espalda a su primer toro.- IVÁN BOZA

Plaza de Toros de la Merced, Huelva. 6 de agosto. Feria de las Colombinas. Más de tres cuartos de plaza.

Toros de Núñez del Cuvillo, -el sexto, devuelto- aceptablemente presentados, nobles, con clase; al segundo se le dio la vuelta al ruedo. Sobrero de José Luis Pereda, muy descastado.
El Juli: estocada trasera _aviso_ (dos orejas); estocada (ovación).
Miguel Angel Perera: estocada baja (dos orejas); pinchazo y estocada (ovación).
Alejandro Talavante: estocada _aviso_ (oreja); pinchazo, media y un descabello (palmas).



Reproducimos la crónica que realiza D. Antonio Lorca, sobre este festejo, para elpais.com

El noble y dulce toro amigo

El toro de hoy no está hecho para la lidia, sino para la caricia

La corrida fue francamente divertida. Se cortaron cinco orejas y El Juli y Perera salieron a hombros de la plaza. El generoso y festivo público onubense se lo pasó en grande. No en vano hicieron el paseíllo tres de las más reconocidas figuras actuales, toreros jóvenes, maduros, en sazón, que copan el interés de los espectadores; y los tres, que mandan y mucho en los despachos, eligieron una divisa de garantías, Núñez del Cuvillo, que está en boca de todos los taurinos por su nobleza.
Y a fe que los toros hicieron honor a su merecida buena fama: muy bonitos de hechuras, recogidos de pitones, de comportamiento nobilísimo, y embestida dulzona y templada. Ese es el toro que se deja torear, el que permite que su oponente esté delante confiado y seguro. El toro amigo tan deseado por los toreros actuales, ese que plantea muy escasas complicaciones y colabora el triunfo facilón con el que hoy se conforman los públicos. Ese toro amigo no está hecho para la lidia, sino para la caricia. Tanto es así, que el tercio de varas fue, una tarde más, una pura y vergonzante caricatura. (Que se tienten la ropa los picadores porque están a un repique de endosar las listas del paro). A lo que íbamos: todos los toreros no saben acariciar como se debe, y ahí surgen las complicaciones. Se dan muchos pases, las faenas se hacen interminables, pero en escasas ocasiones surge la chispa, el pellizco y la calidad. Ese es el problema del toreo actual: se ha criado un toro para el arte y todos los que se visten de luces no son artistas. Cuentan, sin embargo, con el beneplácito de los que pagan, que son los clientes menos exigentes de la historia del toreo.
Pero la corrida fue divertida. Los músicos tuvieron trabajo extra y las palmas echaban humo. Otra cosa es que el espectáculo alcanzara la vitola de apoteosis. Hasta tanto no se llegó.
Nadie duda a estas alturas de la capacidad de ese señor que aprendió a torear antes que a andar y que se llama Julián López El Juli. Es de una suficiencia aplastante, su dominio es apabullante y conoce a la perfección los resortes para embaucar a los tendidos. Y todo ello lo demostró ante su primero, un toro noble, codicioso, de repetidora embestida, con el que se lució, primero, con un quite por chicuelinas elegantes y ceñidas. Lo muleteó con claridad por ambas manos, aunque a toda su labor le faltó la hondura que exigía la calidad del animal. Como no se puede negar su disposición y buen hacer, le concedieron dos orejas que paseó entre la algarabía general. Menos suerte tuvo con el cuarto; quiere decirse que no fue tan colaborador como el anterior, El Juli mostró su decepción después de intentos baldíos que no llegaron a buen puerto.
Mejor suerte, si cabe, tuvo Miguel Ángel Perera, con el segundo de la tarde, un toro de bonita planta al que recibió con unas plásticas verónicas a pies juntos que combinó con unas limpias y vistosas gaoneras. Apretó y persiguió el animal en banderillas, y llegó a la muleta con una clase excepcional, con ritmo y la acometividad necesaria para el triunfo gordo. Y así sucedió. Inició Perera la faena en el centro del anillo con un pase cambiado por la espalda que repitió hasta en cuatro ocasiones sin mover las zapatillas. Cuando cerró la tanda, la plaza hervía de emoción y parecía que se venía abajo. Comenzó entonces el lucimiento del toro, repetidor incansable, bien acompañado por un toreo en estado de gracia que, sin embargo, equivocó en ocasiones los terrenos, ahogó la embestida del animal, y lució menos de lo que la ocasión merecía. A pesar de ello, quedó constancia de un torero en plena forma y de un toro excepcional al que se le dio la vuelta al ruedo. Nobilísimo resultó el quinto, de esos que exigen caricias especiales, y la labor de Perera careció de la hondura exigible; quizá por eso, el toro se cansó de embestir, se rajó y huyó hacia la querencia de toriles.
Cuando se llevaban cortadas cuatro orejas salió el tercero y cambió el panorama. Ese desarrolló genio y puso en apuros a Talavante, que resolvió la papeleta con dignidad y recursos, pero alejado del brillo de sus compañeros.
Pasaban las diez de la noche cuando el sexto se partió un pitón y fue devuelto. Para entonces estaba claro que la corrida se había venido abajo en la segunda parte, más descastada y sombría que la primera. El sobrero no demostró la alegría inicial de sus compañeros de destino, y llegó al tercio final con muy pocas ganas de poner un brillante colofón a su vida. Sencillamente, decidió no embestir, y Talavante abrevió como manda la lógica.

sábado, 6 de agosto de 2011

HUELVA. COLOMBINAS 2011. "El Fandi" se lleva un triunfo facilón y de poca consistencia



Plaza de Huelva. 5 de agosto. Feria de las Colombinas. Tres cuartos de plaza.



Toros de José Luis Pereda, desiguales de presentación, blandos, descastados y nobles.
El Cid: media y descabello (ovación); estocada baja (oreja).
El Cordobés: casi entera baja (oreja); pinchazo y estocada baja (ovación).
El Fandi: casi entera baja (ovación); estocada baja _aviso_ (dos orejas).



Reproducimos la crónica que realiza D. Antonio Lorca para elpais.com sobre este festejo.



El toreo, en helicóptero



Manuel Jesús El Cid hizo el paseíllo con presteza; pidió permiso para lidiar en primer y cuarto lugares, cuando le correspondía hacerlo en segundo y quinto; salió de la plaza corriendo en cuanto acabó su labor, y en la puerta le esperaba la policía local, que lo escoltó hasta la ciudad deportiva del Recreativo de Huelva, donde tenía una cita con un particular coche de cuadrillas, en forma de helicóptero. Ascendió a las alturas, y se marchó a todo correr hacia El Puerto de Santa María, en cuya plaza estaba anunciado a las once de la noche.¡Qué locura! ¡Qué extraño resulta ver a El Cid metido en estos berenjenales! ¿Qué necesidad hay de batir marca alguna? ¿No es aserto aceptado que el toreo es parsimonia, lentitud, templanza...? Cualquiera, no exento de razón y de cierta malicia, podría aplicar a El Cid aquello de las prisas, para los delincuentes y los malos toreros.
Éste no es el caso, pues este hombre ha demostrado cabalmente su clase y su categoría. Pero, precisamente por su categoría, resulta inexplicable que se preste a estas anécdotas que tienen más aspectos circenses que toreros.
Quizá debiera preocuparse menos de las marcas, y prestar más atención al tipo de toro que lidió en la plaza de Huelva. Manejó el capote y la muleta con su soltura habitual, trazó alguna verónica aceptable y buenos derechazos y naturales, pero no interesó prácticamente nada. Su primero no era un toro, sino un perrito faldero, y tan dócil como un animal de compañía. Y los perritos, ya se sabe, no dicen nada cuando embisten. Toda su labor resultó ser, por tanto, una simple caricatura. Más y mejor se empleó en el cuarto, pero tampoco consiguió emocionar, aunque se le concedió una oreja ¿? después de una estocada descaradamente baja.
Por cierto, prisa tenía un montón; tanto es así que él y su cuadrilla dieron la vuelta al ruedo con el capote de paseo en las manos, no se despidió ni de sus compañeros y salió pitando. Pues El Cid debe saber que el público merece un respeto, y la autoridad nunca debió permitirle que se ausentara de la plaza antes de que finalizara la corrida. En fin, la liturgia hace tiempo que se perdió. Y no digamos el respeto al respetable.
Nos quedamos solos con El Cordobés y El Fandi, y ambos componen otra historia del toreo. Son un caso aparte. Tienen sus seguidores, muchos, pero no resisten un análisis taurino mínimamente serio. Manuel Díaz necesita un cursillo de reciclaje para que vuelva a aprender lo olvidado. Con lo bien que toreaba este hombre en sus inicios y lo que ha perdido con los años. Maneja los engaños sin gracia alguna, en contra de toda la técnica conocida, por lo que su actuación fue un cúmulo de despropósitos. Abusa del pico, cita fuera de cacho, desplaza la embestida, torea despegado... Un horror. Hasta el salto de la rana le salió mal. Le concedieron una inexplicable oreja en su primero, y no fue capaz de remontar el desaguisado en el quinto.
Y El Fandi no le anduvo a la zaga. Se alivió una barbaridad en el tercio de banderillas, y todos los pares los puso a toro pasado, sin asomarse al balcón ni una sola vez. Inédito con el capote, y vulgar hasta la extenuación con la muleta. A su buen primer toro lo desaprovechó por completo, y toda su actuación transcurrió entre las más abrumadora indiferencia. A pesar de todo, el presidente se ganó una bronca de aúpa por no conceder la oreja que muchos solicitaron. Inexplicable, pero cierto. Mejor con el capote en el sexto, y bueno el segundo par, cuando el toro le apretó de verdad. Muleta en mano, el reino de la nada. Nada que llevarse a la boca como un buen sabor. Muchos pases insulsos, indiferencia total... Y dos orejas. Ver para creer,
Se supone que El Cid llegó con bien a su destino, y contento quedaría con su gesta. ¿Y el toreo? El toreo, en helicóptero...

jueves, 4 de agosto de 2011

HUELVA- COLOMBINAS 201. Ficha y crónica de la corrida del miércoles 3 de agosto. José Tomás.

José Tomás sufrió una voltereta sin consecuencias en el segundo toro de la tarde.- IVÁN BOZA

Plaza de Huelva. 3 de agosto. Feria de las Colombinas. Lleno de "no hay billetes

EL PILAR / SILVERA, TOMÁS, LUQUE
Toros de El Pilar, chicos, anovillados, impresentables, muy blandos y nobles.
Emilio Silvera: pinchazo -aviso- pinchazo hondo (ovación); media estocada (ovación).
José Tomás: estocada tendida (oreja); pinchazo -aviso- y un descabello (ovación).
Daniel Luque: estocada (oreja); metisaca y estocada (ovación).

PITOS
- La corrida de El Pilar fue impropia de la plaza de Huelva. Esos gatos inválidos nunca debieron ser embarcados.

OVACIÓN
- Encomiable la fe de este público volcado con su ídolo

Reproducimos la crónica que sobre este festejo realiza D. Antonio Lorca para elpais.com:

¡Ay, si a Tomás le gustaran los toros...!
Las verónicas a su primero fueron un primor de suave plasticidad. No se le reconoce ni el timbre de voz, da la espalda a plazas de responsabilidad.

Huelva parecía Nueva York en hora punta. ¡Qué gentío! Hacía tiempo que la ciudad no vivía un acontecimiento de tal categoría. Una marea humana rodeaba el coso de la Merced desde horas antes del comienzo del festejo. No cabía un alfiler. Tantas criaturas había que no sería extraño que también se revendieran los huecos para tomar un café. ¡Qué éxito de los jóvenes empresarios Carlos Pereda y Óscar Polo!¡Qué espectáculo, señores, contemplar esta plaza repleta hasta la bandera de un público conmovido y arrebatado! (Casi el 70% de las 7.000 localidades está abonado gracias al gran protagonista de la tarde). ¡Qué entusiasmo y qué alegría desbordante desprendían los tendidos! ¡Una fiesta como Dios manda!
La multitud arde en deseos de ver al dios resurgido de las tinieblas, y ahí está José Tomás, en la puerta de cuadrillas, hierático y frío como siempre, con esa estela inequívoca de quien se sabe triunfador.
Y como llegó se fue, pero después de desparramar la personalidad tan singular de este torero. Toreó como los ángeles, esa es la verdad. Las verónicas a su primero fueron un primor de suave plasticidad; y el quite por chicuelinas, una preciosidad. La labor con la muleta alcanzó momentos de lucidez estética, en especial por naturales largos y templadísimos. No faltó la voltereta cuando lo pasaba con la mano derecha y el respetable disfrutó como nunca. Tardó en cogerle el aire al quinto hasta que, mediada la faena, lo embarcó en la muleta y dictó una lección magistral del toreo en redondo antes de cerrar con unas ceñidísimas manoletinas con el compás abierto.
La tarde no fue, sin embargo, redonda. Lo cierto es que tuvo un problemilla: que los toros no eran toros, sino becerritas. O tal vez gatitos; o, quizá, unas impresentables raspas. Y a todo el espectáculo le faltó la necesaria emoción. Aquello no fue más que un entrenamiento con un público festivo, familiar y generoso. Y eso no está nada bien. Ni un mito como José Tomás se debe permitir esa licencia, ni el respetable que paga merece tal engaño. Los novillotes de ayer, para el campo. Que la gente no es tonta; que aplaude porque ha pagado, pero sabe distinguir la fácil euforia de la emoción verdadera. Y la verdad de la mentira. No es eso, Tomás, no es eso... Hay que lidiar y matar toros, aunque la plaza sea de segunda. Todo lo demás es echar una pesada losa sobre esta deprimida fiesta. Para exigir tanto como él hay que ser exigente, primero, con uno mismo, y respetuoso con los espectadores.
Dicho lo anterior, hay que reconocer que algo tiene este torero cuando es capaz de arrastrar multitudes allá donde se anuncia. ¿Por qué en plena y profunda crisis de toros y toreros, todos ellos, en mayor o menor medida, bajo el denominador común del aburrimiento; cuando la fiesta atraviesa sus horas más bajas y sufre el mayor ataque por acción u omisión de toda su historia, la sociedad en su conjunto vuelve la mirada hacia un señor vestido de luces, y una mayoría enloquece y vibra con su forma de enfrentarse a la gloria?
Parece algo inexplicable que, en los tiempos que corren, un torero se haya convertido en una celebridad. Pero así ocurre cuando un personaje derrocha personalidad, heroísmo, carisma, dramatismo, misterio, autenticidad...
Todos destacan en él su valor sin límites, cuando su mejor cualidad es que es un intérprete excelso del arte del toreo. Quizá, la cualidad más sobresaliente de José Tomás es que es un rompedor que ha hecho añicos los esquemas del toreo moderno.
El problema es que este tremendista del compromiso personal, dispuesto antes a la cornada que al fracaso, es hijo de su tiempo; y, como tal, un conformista. Le honra su respeto a la ortodoxia, cuando el toreo tiempo ha que se despeña por un preocupante precipicio de la más vulgar heterodoxia; y ha hecho una apuesta firme por la pureza hasta el punto de que muchos yerran cuando ven en sus maneras las de un suicida preñado de morbo. En consecuencia, será reconocido, probablemente, como una inconmensurable figura del toreo, pero, ¡ay!, huye como gato escaldado del papel revolucionario que la historia ha puesto en sus manos.
Está desaparecido, no se le reconoce ni el timbre de voz, le da la espalda a las plazas de responsabilidad; prefiere carteles mediocres; no se prodiga con las figuras actuales, sus inclinaciones toristas comienzan y acaban en el toro artista; y, ayer, además, se anunció con una impresentable corrida que nunca debió salir al ruedo.
Ojalá el próximo año deslumbre al mundo con una campaña como merece su categoría y necesita esta fiesta. Mientras tanto, su revolución solo se producirá en la taquilla. ¡Ay, si a Tomás le gustaran los toros en lugar de estos becerros...!
Le acompañaron en el cartel Emilio Silvera, que cumplía 25 años como matador de toros, y recibió el cariño de sus paisanos. Su labor, voluntariosa, no pasó de discreta; y Daniel Luque, que también se entrenó, bien es cierto que con galanura y buenas maneras, con los novillotes que le tocaron en suerte.

domingo, 12 de junio de 2011

MADRID-LAS VENTAS. Reseña y crónica de la corrida de Feria del Aniversario celebrada ayer, sábado 11 de junio 2011.




Plaza de Las Ventas, 11 de junio. Quinta corrida de feria. Tres cuartos de entrada.


Cuatro toros de La Palmosilla -el sexto, devuelto-, bien presentados -el tercero, anovillado-, mansos y blandos; noble el segundo. Primero y quinto, de M. Carmen Camacho, parado uno e inválido el otro. Sobrero de
El Torero, bien presentado, manso y descastado.
Miguel Abellán: dos pinchazos y un descabello (silencio). Resultó cogido al entrar en matar. Sufrió una herida en el labio inferior, con destrozos en el músculo orbicular y avulsión de piezas dentales. Ligera conmoción cerebral. Pronóstico reservado.
Parte Miguel Abellán: Herida contusa por asta de toro en el labio inferior que causa destrozos en el músculo orbicular con avulsión de piezas dentarias. Ligera conmoción cerebral. Pronóstico reservado nque le impide continuar la lidia. Fdo: Dr. García Padrós


El Fandi: pinchazo y estocada trasera -aviso- (ovación); estocada trasera (palmas).
Daniel Luque: estocada baja -aviso- y un descabello (ovación); pinchazo
y estocada baja (silencio).
Tres toros de La Palmosilla (uno más devuelto), dos de Mari Carmen Camacho y un sobrero de El Torero.



De Mari Carmen CamachoNº 62, Quitapajas, negro bragado meano girón, 565, 10/06 Pitos

Nº 2, Libertino, negro listón, 551, 11/06Palmas

Nº 47, Presidiario, negrolistón, 550, 10/06 Silencio

Nº 48, Abubilla, negro listón, 569, 10/06Palmas

De Mari Carmen CamachoNº 24, Despeinado, castaño bragado meano, 540, 1/07Pitos

Sobrero de El ToreroNº 32, Guasón, negro bragado meano axiblanco, 535, 12/05Silencio


Así lo vió D. Antonio Lorca para El País:


La boca partida


El primer toro de la tarde le partió la boca a Miguel Abellán. Así, literalmente. El suceso ocurrió cuando entró a matar por segunda vez tras un pinchazo. En el encuentro con el toro, sufrió un derrote seco en la boca, imperceptible en ese momento, pero la aparatosidad del percance se comprobó al instante cuando el torero se llevó la mano a la mandíbula, y, a continuación, se desplomó en la arena totalmente noqueado por el brutal puñetazo recibido. Total, casi nada: el labio colgando y varias piezas dentales arrancadas de cuajo. El tremendo dolor queda para el bravo torero, y la suerte, también, de que pueda contarlo. Ojalá se recupere pronto. No tuvo suerte tampoco con el toro, blando, tardo de embestida y descastado, ante el que se le vio desilusionado.

La tarde quedó en manos de El Fandi, que descabelló a ese primer toro, y mató otros tres. Ya pueden imaginar: un atracón de banderillas y un derroche de entrega, compromiso y pundonor de este torero, cuya tauromaquia es digna de estudio. Entusiasma con facilidad a los públicos, les llega al alma en el segundo tercio y los emociona hasta extremos sorprendentes, a pesar de que es un manazas con capote y muleta. Lo intenta de verdad, se empeña en hacerlo bien, pero los capotazos y muletazos son un compendio de sosería, faltos de gracia y ángel. Es un pegapases simpático y comprometido, pero él no tiene la culpa de que su forma de torear no despierte pasión alguna. Deslucen los toros en sus manos, se muestra incansable por ambos lados, pero no dice nada. Es curioso y extraño esto del toreo: unos toreros te desbordan el sentimiento al abrirse de capote, y otros, éste es el caso, te provocan un hastío demoledor e incomprensible. Pero así es la vida. A El Fandi, no obstante, no se le puede reprochar nada; es un trabajador incansable, un atleta consumado y consigue divertir, que no es poco.
Y pone banderillas, su plato fuerte. Ayer, la verdad, hasta el sexto, no dijo de verdad que las pone asomándose al balcón y por derecho. Así lo hizo en los cuatro pares que colocó, especialmente el último, por dentro, muy comprometido. En los otros seis, tres en cada toro, se alivió, de modo que todos los clavó a toro pasado, aunque con la suficiencia que lo caracteriza. Y torear, lo que se dice torear, toreó poco. Su primero fue un toro noble que embistió una barbaridad; y allí anduvo el torero dando pases a diestro y siniestro sin decir esta boca es mía. ¡Qué tendrá El Fandi en las muñecas que no provocan la más mínima emoción! "Hay que torear", dice una voz popular, y el diestro sigue dando pases. Algo parecido le ocurrió en el siguiente, menos codicioso, pero igualmente toreable. Y se disculpó ante el sexto, al que banderilleó muy bien, y se vino abajo al final.
Y Daniel Luque sigue sin suerte en Madrid. Dos toros inválidos le tocaron. El primero -una sardina-, no se mantenía en pie, y el único que no se enteró del suceso fue el torero, que dio pases y pases hasta la extenuación entre la indiferencia de la plaza. ¿Cómo es posible que se bloquee el cerebro ante un inválido? ¡Qué lección de aburrimiento...! Y el otro no tuvo un pase porque el presidente se empeñó erróneamente en mantenerlo en el ruedo cuando estaba más muerto que vivo.




Pitos
- El presidente se negó a devolver al inválido quinto y se ganó una sonora y muy merecida bronca. La actitud incomprensible de Usía provocó un escándalo en los tendidos.


Ovación
- El Fandi volvió a destacar, una vez más, por su entrega, su sentido bullidor de la lidia y sus deseos de agradar.
Para ver el videoresumen de la corrida de toros pinche aquí: http://asp.las-ventas.com/noticias/video.asp?fecha=20110611&tipo=festejo

sábado, 11 de junio de 2011

MADRID-LAS VENTAS. Reseña y crónica de la corrida de Feria del Aniversario de ayer viernes 10 de junio.




Rubén Pinar cortó una oreja a una buena corrida de Javier Pérez Tabernero. Pinar consiguió el trofeo por una faena muy completa al tercero en la que cuajó tandas por los dos pitones para culminar con una magnífica estocada. La poca fuerza del sexto, sobrero de Valdefresno, le impidió rematar su buena tarde y salir por la Puerta Grande. Sergio Aguilar construyó con su primero una faena de menos a más que terminó con mucha fuerza y un muy buen volapié.
Cuadrillas:
Aplaudido en varas Agustín Moreno (Pinar), aplaudidos en banderillas Pablo Saugar “Pirri” (Aguilar) y Juan Rivera (Pinar)

Cinco toros de Javier Pérez Tabernero (uno devuelto) y un sobrero de Valdefresno.


Nº 38, Cantinillo, negro corrido, 589, 3/07 Silencio

Nº 31, Curioso, negro, 569, 10/06Palmas

Nº 10, Yegüesero, negro corrido, 558, 11/06 Ovación

Nº 49, Cigarrero, carbonero, 528, 4/07Silencio

Nº 24, Pitito, negro burraco, 605, 11/05 Palmas

Sobrero de ValdefresnoNº 22, Langostito, negro, 530, 9/05Silencio
Así lo ha visto D. Antonio Lorca para El País:

Plaza de Las Ventas, 10 de junio. Cuarta corrida de feria. Más de media entrada

Toros de Javier Pérez Tabernero -el sexto, devuelto-, desigualmente presentados, mansos y descastados; noble el tercero. Sobrero de Valdefresno, noble e inválido.
Antonio Ferrera: media estocada y un descabello (silencio); dos pinchazos y estocada (silencio).
Sergio Aguilar: estocada (ovación); pinchazo -aviso- y estocada baja (silencio).
Rubén Pinar: estocada (oreja); pinchazo, estocada -aviso- (ovación)
Pitos
- Una tarde más, la falta de casta y clase de los toros dieron al traste con las ilusiones de los toreros.
Ovación
- Pinar y Aguilar rivalizaron en el tercio de quites al quinto de la tarde; el primero, por verónicas, y Aguilar con unas apretadas chicuelinas.

El arte de los currantes

La inmensa mayoría de los toreros son como cualquier mortal: unos honestos currantes que tratan de hacer bien su trabajo, y unos días les sale mejor, y otros, peor. Bueno, no es exactamente así: los toreros se juegan la vida, son héroes y buscan la gloria, mientras el resto de la humanidad pretende vivir lo más tranquilamente que pueda.
Todos no son artistas en un momento en el que se valora, por encima de todo, el sentimiento, la gracia, el donaire, el aroma, la magia, la inspiración... Y con el toro ocurre igual: se busca el animal bien hecho, recogido de pitones, bravo y noble hasta la santidad, y que embista con fijeza, largura, compás, ritmo... Un mirlo blanco.
Y los currantes honestos dan lo que tienen: vergüenza, entrega, ilusión y valor. Casi nada. Ese es su arte, y gracias también a ellos esta fiesta ha llegado hasta nuestros días.
Rubén Pinar, por ejemplo, no es un exquisito que desparrame aroma, pero hay que quitarse el sombrero ante la entrega que demostró ayer, el ardor infinito, el compromiso con el triunfo... Había arrancado una oreja a su noble y blando primero con un pundonor encomiable; y con buen gusto también en un par de tandas de naturales, con el toro largo y humillado, que tuvieron sabor del bueno. No fue la suya una faena maciza, pero quedó patente que un torero había creado emoción. Y salió a por todas en el sexto, que recibió con cuatro estatuarios con las plantas muy firmes. El animal acudía largo y con son, aunque las fuerzas no le acompañaban, pero ahí tenía delante a un chaval con unos deseos enormes de romper la tarde y abrir la puerta grande. Lo intentó de todas las maneras posibles, se dejó llegar los pitones a la taleguilla, terminó con unas ceñidas manoletinas y solo le faltó un triple salto mortal para expresar sus ganas. No pudo ser; incluso salió trompicado al entrar a matar, pero toreros como Pinar se ganan por derecho propio el respeto y la admiración de todos.
Menos fortuna tuvieron otros dos currantes, Antonio Ferrera y Sergio Aguilar, que salieron airosos del trance, tras darse de bruces con lotes infames de toros inservibles. Ferrera, por ejemplo, lo da todo y se vacía en el tercio de banderillas, aunque ayer solo pudo brillar en un par al quiebro por los adentros. No siempre se tiene un buen día ni siquiera en aquello en lo que uno es especialista. Estuvo un poco pesado con la muleta, ésa es la verdad; quizá, por su desmedido interés en buscar algún lucimiento con los dos marmolillos que le tocaron en suerte. Pero él, que sabe mejor que nadie que aquello no tenía solución, debe tener en cuenta que los pesados aburren, y eso no está bien.
Y a la zaga anduvo Sergio Aguilar, con largas faenas, también, y sin sal su labor, y sin calidad sus toros. Bueno, una tanda de naturales admitió su primero, y otra con la derecha el segundo. Pero el torero insistió e insistió, y no sacó nada, como era previsible.
En fin, honor y gloria a los currantes; lo que se ven obligados a bailar con la más fea -los toros de ayer, feos y muy deslucidos-, y a los que el jurado exigente de la plaza examina con la misma exigencia que a las figuras. Ellos son héroes, porque hay que serlo para buscar la gloria delante de un toro y no pasar la vida en una aburrida oficina.

Para ver videoresumen de la corrida de toros pinche aquí: http://asp.las-ventas.com/noticias/video.asp?fecha=20110610&tipo=festejo

miércoles, 14 de octubre de 2009

SEVILLA- LA MAESTRANZA. ¡Pobre de mí!


"Pobre de mí" se lamentaba uno de los escasísimos aficionados que acudió ayer a la Maestranza para presenciar lo que, a la postre, fue un compendio del disparate bochornoso en el que se ha convertido la fiesta de los toros. Embriagado por la tristeza y la frustración, no daba créditos a sus ojos ante el lamentable espectáculo que sirvió para cerrar la temporada en una plaza que fue santo y seña de la tauromaquia y que ahora lo es de una decadencia galopante.
Cuando suenan los clarines, los tendidos están vacíos. Posiblemente, la entrada más pobre del año; un cuarto de plaza o, quizá, menos... ¡Con lo que ha sido la fecha del 12 de octubre en la Maestranza...! Y saltan al ruedo tres jóvenes toreros que debieran hoy estar cavilando por qué sólo son capaces de reunir a unos pocos cientos de espectadores.
En segundo lugar, los toros. Se anuncia una corrida de San Miguel, ganadería joven, de escaso prestigio y de recuerdo poco afortunado en Sevilla. Un hierro salpicado, además, por la anécdota: es propiedad de Juan Antonio Roca, implicado en el caso Malaya, y, en consecuencia, la ganadería está intervenida judicialmente y regentada por un representante nombrado por el juzgado. Los toros, como fieles hijos de su época, derrocharon mala clase, invalidez, falta de casta e incapacidad manifiesta para embestir. Es decir, lo normal en el toro moderno.
Cuando Salvador Cortés intentaba meter en la muleta a su primer oponente, una pura escoria, la banda de música rompe a tocar sin motivo, y hay quien se lleva las manos a la cabeza, preso de la sorpresa y la indignación. Cómo ha podido caer tan bajo este santo y seña que fue de la distinción, la categoría y la sabiduría...
Y un ilusionado Rubén Pinar, que debutaba en este ruedo, se mostró valiente, sobrado, bullidor y entregado en su primero, que lo prendió por la chaquetilla a la hora de matar. El escaso público pidió ¡las dos orejas!, y abroncó a la presidenta, que sólo concedió una, y obligó al chaval a dar dos vueltas. Pero, por Dios bendito, qué le pasa a esta Sevilla... Tocó la pueblerina música, por supuesto, y el torero demostró que conoce la técnica y los trucos, pero su toreo está ayuno de calidad. La música, ¡qué cruz!, otra vez en el sexto, con el que Pinar anduvo bullanguero y dominador. Ni Cortés ni Bolívar tuvieron opciones en sus respectivos lotes.
Tampoco las tuvo el aficionado, indignado, dolorido, triste y solo ¡Pobre Sevilla1 ¡Pobre fiesta de los toros!

Fuente: Antonio Lorca- El País.

lunes, 24 de agosto de 2009

FERIA DE MÁLAGA. Crónica de la corride celebrada el domingo 23 de agosto, despedida de Esplá.


Cuatro toros de Román Sorando, mal presentados, inválidos y descastados; el primero -muy soso-, y el sexto, con más casta, de Luis Algarra.
Lis F. Esplá: dos pinchazos y media (palmas); estocada baja (ovación).
Javier Conde: pinchazo y estocada baja (silencio); estocada baja (oreja).
Cayetano: casi entera (silencio); estocada trasera (oreja).
Plaza de la Malagueta. 23 de agosto. Última corrida de feria. Casi lleno.


Reproducimos la crónica que escribe D. Antaonio Lorca, para El País, sobre la corrida celebrada ayer en la Feria de Málaga.


La Crónica:

Mentiras y verdades

A Esplá lo despidieron con una sentida ovación que el torero recogió desde el centro del ruedo tras la muerte del cuarto de la tarde. Pero había quedado un mal sabor de boca en la plaza. Había sido una despedida de mentirijillas. Se anunció en la feria con una ganadería de rebajas que obligó a un ajetreado baile de toros en los corrales; de tal modo, que lo que salió a la arena era impropio de su categoría y del respeto que merece esta fiesta por parte de un torero de tan larga y exitosa trayectoria. Así, su segundo toro fue un novillote inválido total, noqueado y moribundo, y que, por un mal entendimiento con la presidenta, no se devolvió a los corrales. Lo banderilleó con soltura y se enfadó dos veces con sus subalternos porque le cortaron el viaje del toro cuando trataba de lucirse tras colocar los garapullos. "Eso está ensayado", gritó un espectador, y quién sabe si no tendría razón.

Trapío tenía, es verdad, su primero, manso, gazapón y soso, con el que Esplá sólo pudo mostrar su imagen de torero añejo; voluntarioso, tal vez, pero con escasa profundidad. Su oponente era un esaborío, pero el torero se colocó en los terrenos cómodos, con la muleta retrasada y así no es posible el toreo. También banderilleó a este toro con su habitual sobriedad. Total, que se despidió como un torero moderno, con pocas apreturas, con la mínima decisión y con su sabiduría cogida con alfileres. Una despedida mentirosa, aun a riesgo de que no fuera ésa su intención.
No se retiraba Javier Conde, pero en él todo suena a impostura y engañifa. Es una ceremonia en sí mismo, y su público lo acompaña y disfruta con sus gestos histriónicos. Más que andar, parece levitar; se mueve con calculada parsimonia, se adorna mucho y da la impresión de que en cualquier momento va a escenificar un baile flamenco en la cara del toro. Pero torear, lo que se dice torear... Poco le permitió su primero, sin clase alguna, y engañó al respetable en el cuarto con medios pases, todos muy despegados. Pero vende bien su producto y le concedieron una oreja de mínimo peso. Pues, muy bien.
La única verdad de la tarde la dijo Cayetano ante el codicioso sexto -el tercero nació lisiado-, con el que se fajó con la mano derecha en un par de tandas rápidas, pero ligadas y preñadas de emoción. El nervio del animal duró poco, y el sabor torero fue una ráfaga fugaz.

domingo, 23 de agosto de 2009

MÁLAGA. Crónica de la corrida de toros celebrada el sábado 22 de agosto.


Toros de Juan Pedro Domecq, anovillados, inválidos, mansos y nobles.
Enrique Ponce: estocada (oreja); estocada (dos orejas).
Salvador Vega: pinchazo -aviso- pinchazo -segundo aviso- (ovación); dos pinchazos, media -aviso- y cuatro descabellos (silencio).
José M. Manzanares: estocada trasera y un descabello (ovación); casi entera (silencio).
Plaza de la Malagueta. 22 de agosto. Novena corrida de feria. Casi lleno.


Reproducimos la crónica que realiza D. Antonio Lorca sobre la corrida de toros (diurna) celebrada ayer, sábado 22 de agosto, en Málaga. realizada para El País. Presten especial atención al primer párrafo.

La corrida fantástica

Si la corrida exige toros con trapío y fiereza, poderosos y encastados; si son necesarios toreros valientes y artistas, entregados y pundonorosos; toreros afanosos de la pureza, que sientan en el alma la referencia del arte del toreo frente a los vergonzosos trucos triunfalistas; si hace falta una autoridad que vele por la integridad del toro de lidia, y un público exigente que no confunda el triunfalismo bananero con la emoción... Si todos ellos son ingredientes fundamentales de este espectáculo, ayer no hubo corrida de feria en Málaga.

¿Qué hubo, pues? Pues lo que hubo fue una quimera, una pura fantasía, una apariencia, una realidad inexistente. Pero, ¿qué hubo? Salieron por los chiqueros seis raspitas de sardinas, chiquitinas, bobaliconas, blandengues y bondadosas, y por allí deambularon tres señores llamados figuras de la modernidad que embaucaron al respetable con pases y más pases gélidos, ayunos de emoción, despegados, aflamencados y monótonos. Y el público se lo pasó en grande porque desconocía, tal vez, que aquel espectáculo era una pura farsa.

Ponce podría corresponder al cariño de Málaga con toros de verdad
Triunfó a lo grande Enrique Ponce; disfrutó como un niño y se abrazó emocionado al alguacilillo cuando le entregó las dos orejas del cuarto. ¿Creería que había protagonizado una gesta? No es posible. Un torero de su categoría discierne mejor que todos una faena grande de un juego de niños. Y lo suyo, sin toro, fue toreo de salón; bonito, porque es torero elegante, pero sin gracia ni hondura. Algo parecido le ocurrió en el primero, noble y rajado, al que muleteó sin mando, sin arrebato ni vibración. Ni se despeinó e, incluso, se atrevió a dar unos pasos de ballet en sus dos toros antes de dar circulares que entusiasmaron a los tendidos. Pero Ponce sabe mejor que nadie que lo de ayer tiene poco que ver con una auténtica corrida de toros. De todas formas, aquí parece feliz porque le demuestran un cariño especial. Pues, mejor para él, pero podría corresponder de mejor manera: con toros de verdad, por ejemplo.
Sus compañeros de cartel no tuvieron tanta suerte. Mejor dicho: les acompañó la fortuna de no pasar un mal rato ante gatitos de peluche, pero no fueron capaces de obtener rentabilidad de regalos apetitosos. Salvador Vega, por ejemplo, que es torero fino, toreó con limpieza, pero sin embraguetarse a su muy noble primero, y se limitó a matar a su rebrincado quinto. ¿Por qué? Porque parece que no tiene sangre en las venas; porque su concepción del toreo está cogida con alfileres y porque no está dispuesto a decir: ahora van a ver ustedes cómo se torea... Porque saber, sabe, pero... Y José María Manzanares no vive un momento dulce. Se perdió ante un inválido y descastado primero que parecía hundido en la miseria, y ante el que se mostró torpón y con pocas ideas; y lo intentó con voluntad y decisión ante un deslucido sexto de cortísimo viaje.
Octava de feria. En la noche del viernes se celebró la octava corrida de feria. Se lidiaron cuatro toros de Jaralta y dos de Carlos Núñez, que desarrollaron mucho genio y mansedumbre. Mari Paz Vega fue ovacionada con el lote más deslucido; Antonio Barrera cortó una oreja y fue ovacionado en el otro, y Joselito Huertas consiguió un trofeo ante el tercero, y escuchó los tres avisos en el sexto por su desacierto con el descabello.
La Crónica de la nocturna de Málaga, de este mismo día, la reproducimos del blog MALAKA TAURINA, de Pacopi. Muy interesante:
DE NOCHE SIGUIÓ EL BAILE
Por Pacopi.
Plaza de toros de la Malagueta. 22 de Agosto. Nocturna. Dos toros de la Palmosilla 1º y 5º y cuatro de Albarreal. Morante de la Puebla . Saludos desde el callejón en ambos. Castella. Oreja y Oreja con petición de la Segunda. Talavante.- Silencio Silencio.
Siguió el desfile curianil de la tarde. Dicen que reconocieron hasta treinta y dos animales, de tal guisa que, me aseguran, en los corrales había tal saturación de cuernos que mas parecía congreso de maridos burlados que corrales de plaza de toros. Continuó también la tomadura de pelo del personal actuante.
Al primero de la noche si se le citaba de lejos iba con alegría, pero esa era encomienda muy complicada para Morante, que se limitó meter pico. Pinchazo. Tímidas palmas.En el cuarto dio medios pases con muchos enganchones. Pinchazo y estocada trasera. Saludos con algún pito.
Castella , en el segundo, realizó una faena en su línea, es decir, toreando para las afueras y finalizando con el arrimón. Estocada desprendida. Oreja. Saludó tras parear Curro Molina. En el quinto volvió a repetir su faena, toreando para las afueras con la derecha, que con la izquierda nada quiso saber. Volvió al arrimón para finalizar la faena con una estocada desprendida. Se pidieron las dos orejas, concediéndose una sola. Me parece muy bien que el presidente reciba estoicamente la bronca del “Mundo Feliz” pero eso es, ya lo dije, torear para la galería. Eso hay que complementarlo haciendo valer la autoridad en los corrales, en los reconocimientos, lo demás es ..lo da la vaca.
Talavante sigue cuesta abajo y sin frenos. Van a organizarse mano a mano entre el y el Cid. Al tercero trapazos hasta que el animal se rajó. Estocada atravesada. En el sexto no dio un pase, estocada desprendida y descabello.
Y dicen que para mañana hay nuevo baile de corrales, pero no es de preocupar, a las tres de la tarde se aprueban gatos, cucarachas, caracoles, chinches y pulgas. Al tiempo.
Un saludo.

sábado, 22 de agosto de 2009

FERIA DE MÁLAGA. Crónica de la corrida mixta de ayer, viernes 21 de agosto.


Dos toros despuntados para rejoneo de San Pelayo, un buey parado el primero y manejable el otro; y cuatro de Samuel Flores, correctos de presentación, muy mansos, descastados y deslucidos.
Hermoso de Mendoza: pinchazo, rejón trasero y un descabello (ovación); rejón trasero (oreja).
Enrique Ponce: media estocada (ovación); pinchazo -aviso- dos pinchazos y un descabello (ovación).
Matías Tejela: estocada que asoma y un descabello (silencio); estocada (ovación).
Plaza de la Malagueta. 21 de agosto. Séptima corrida de feria. Lleno


Reproducimos la crónica que realiza D. Antonio Lorca para El País, sobre la corrida del día 21 de agosto en Málaga.


La Crónica:

Una bronca que sabe a gloria

A veces, da gusto escuchar una bronca; las cosas, como son. Por ejemplo, la que recibió ayer la presidenta de la corrida por negarle la oreja a Enrique Ponce tras la muerte de su primero. El público, que no entiende de barcos, consideró una ofensa la decisión de la señora y los improperios se oyeron en alta mar. También se enfadó el torero, que se negó a dar la vuelta al ruedo con un gesto de enojo, lo que acrecentó la protesta.

Pues la señora tenía razón. Y da mucho gusto comprobar que alguna vez un presidente se pone en su sitio, se niega a aceptar lo inaceptable y prestigia la plaza y a la afición que no sabe o no quiere entender.
Y no es que Ponce estuviera mal; no. Estuvo experimentado y solvente con un toro manso de libro, violento, rajado y cobarde, que huía de su propia sombra y al que persiguió por el ruedo para robarle pases despegados. Mató de una media algo caída y el final fulminante del toro levantó los ánimos y muchos pañuelos que no alcanzaron la mayoría. No fue faena de oreja, sino la labor profesional de un torero con oficio.
Lo cierto y verdad, sin embargo, es que la corrida fue un pestiño a causa del pésimo juego de los toros de Samuel Flores, cuya presencia en Málaga es bastante inexplicable dada la pobre historia de este hierro en los últimos tiempos. Y a fe que los toros hicieron gala de su cantada mansedumbre, de su cobardía risible, de su mala casta y de su incapacidad manifiesta para acudir a un coso de primera categoría. Llama la atención, asimismo, que Ponce acepte lidiarlos, lo que no parece tener más explicación que la conocida amistad entre el torero y el ganadero. Un favor se hace siempre a un amigo.
Tampoco lo pasó bien Ponce ante su segundo, otra pieza del museo de los cobardes, que brindó al público creyendo lo que no fue. Imposible el lucimiento.
Y tampoco pudo lucirse Tejela ante su muy áspero y brusco primero. El público se enfadó porque el torero mostró más su insolvencia que las dificultades del toro, y ese error, habitual en los toreros modernos, se paga. Mejoró ante el sexto, manso, también, pero más noble que los demás, al que recibió con una buena tanda de verónicas, brindó al respetable y se dispuso a muletearlo con decisión. El toro se dejó, que se dice en el argot actual, y Tejela lo toreó con limpieza en algunas tandas que no acabaron de calentar los tendidos. Quizá, le faltó creer en sus posibilidades y romperse delante del toro. Supieron a poco los naturales que trazó; tanto es así que cuando el animal cayó fulminado por una estocada certera, pocos pañuelos asomaron. A lo peor, Tejela está donde está -en esa zona media de nadie- por méritos propios... Para que luego diga.
Abrió el cartel el rejoneador Hermoso de Mendoza, un consumado maestro al frente de una excelente cuadra, que deleita en cada actuación con una elegancia suprema y una técnica deslumbrante. Su lote, muy parado y descastado, no le permitió el brillo de la espectacularidad, pero quedó patente su sentido del temple, su búsqueda permanente de la ortodoxia -intentó clavar siempre al estribo- y el inmenso sabor de su toreo a caballo.
Al final, se reprodujo la bronca a la presidenta. Una gloria...

jueves, 20 de agosto de 2009

FERIA DE MÁLAGA 2009. Crónica de la de ayer, miércoles 19 de agosto:"Si a mí lo que me gusta es el toreo, ¿qué hago yo aquí?"

Reproducimos las crónicas que hem os considerado interesantes sobre lo sucedido ayer, miércoles 19 de agosto, en el coso de la Malagueta.
Toros del Marqués de Domecq, bien presentados, mansos, muy blandos y descastados.
Rivera Ordóñez: pinchazo y media tendida (silencio); estocada baja (silencio).
El Fandi: pinchazo y estocada (silencio); pinchazo, estocada y dos descabellos (oreja).
El Capea: media tendida (silencio); media estocada (silencio).
Plaza de la Malagueta. 19 de agosto. Quinta corrida de feria. Lleno de "no hay billetes".

La Crónica:
El toreo 'underground'
Si se considera que el toreo que el pasado martes esparció en esta misma plaza Morante de la Puebla es una de las cumbres de la tauromaquia moderna, la ortodoxia artística por excelencia, el toreo que se sufrió ayer no puede ser calificado más que como underground; alternativo, un subgénero carente de profundidad, emoción, aroma, dominio y gracia; un toreo hondamente superficial, anodino y desangelado que se desarrolla al margen de la grandeza torera.
Si viendo torear al diestro de La Puebla te sientes deslumbrado, arrebatado, conmovido y entusiasmado, en días como ayer un bostezo profundo se apodera de todas las almas cándidas, y algún aficionado recio se pregunta: "Si a mí lo que me gusta es el toreo, ¿qué hago yo aquí?". Porque no es que los respetables profesionales de ayer no sean artistas, que no lo son; lo que habría que preguntarse es a dónde ha llegado el toreo para que un cartel como el de ayer forme parte de una feria puntera como la malagueña.
No resulta fácil entender el alboroto que formó El Fandi en el quinto toro, al que le cortó una oreja tras una faena inexistente a un toro de corto recorrido, al que había banderilleado con destreza y teatro a los gritos de "torero, torero", y al que había matado de manera defectuosa. Menos fino estuvo con las banderillas en su primero a toro pasado, y triste con la muleta ante un animal hundido en su propia miseria. A los dos los recibió con una larga cambiada de rodillas en el tercio para animar a la triunfalista concurrencia.
Admítase que lo de El Fandi tiene un pase. Siendo como es un habitual negado con capote y muleta, se ha ganada a pulso el lugar que ocupa con una suficiencia deslumbrante con las banderillas.
¿Qué se puede decir, en cambio, de Rivera Ordóñez? Quién lo ha visto y quién lo ve... Sorprendió muy gratamente el día de su alternativa sevillana, allá por el año 1995. Llegó con la escoba de barrer a todo y a todos. Durante un tiempo fue un torero aguerrido, valeroso, técnico y depurado. Pasado el tiempo, parece un jubilado, de vuelta de todo. Ha olvidado cómo se torea, o no le interesa ya esta profesión. Parece tener la cabeza en otro sitio, y toda su labor es consecuencia de la torpeza, la abulia y la inseguridad. A este torero le ha abandonado la ilusión. Muy mal su actuación de conjunto de ayer, a pesar de que puso banderillas a su primero con soltura y brillantez.
El tercero en discordia, El Capea, no estaba anunciado en el cartel; entró en sustitución de El Cordobés, lesionado hace días en Gijón. ¿Méritos? Ninguno. Es un hijo de papá, pues su padre es El Niño de la Capea, hombre influyente en esta empresa. Un recomendado, vamos, lo cual no es algo indecoroso en este país de enchufados. Tiene suficientemente acreditado que no sirve para figura, y aburrió al personal con mantazos y trapazos diversos. La pena es que haya jóvenes que se están partiendo la cara en plazas exigentes y nadie se acuerde de ellos porque sus progenitores no son señores influyentes. Pero si es verdad que hay Dios, el toro pondrá a cada uno en su sitio.
Mientras tanto, ojalá esta cultura underground fenezca pronto y no se instale entre nosotros para desgracia de la ortodoxia. Por cierto, los toros, otra vez, infumables.
Antonio Lorca/El País.


Ahora toca una de las colgadas en el blog MALAKA TAURINA:
La guasa malagueña
Por José Daniel Rojo
En Málaga lo de la guasa está de moda. En un afán de superar a los gaditanos, el malagueñismo se ha empeñado en aventajarlos, y por tanto llevan la guasa hasta unos límites que rozan la exageración. La idiotez. Más claro: la gilipollez.
Los carteles llamados mediáticos llenan los tendidos de analfabetos taurinos. La "maza" de Puche se apodera de Málaga para presenciar el espéctaculo que ofrecen unos personajillos, no confundir con toreros, que se hacen llamar Rivera Ordóñez y El Fandi. El otro, perdón, quiero decir, El Capea, se ha ganado a pulso la sustitución de El Cordobés, pues no olvidemos que cortó una "meritoria" oreja en San Isidro. A pesar de ello, el impresentable empresario que tenemos, el Sr. Puche, se justificaba en la radio, un ratito antes de la corrida, diciendo que es un compromiso que tenía y que pasara lo que pasara por la tarde, toda la responsabilidad era suya. Si señor, D. Fernando Puche, persona honrada y cabal. Con dos cojones.
Como iba diciendo, -con Puche es que se me va el santo al cielo-, el pueblo ha vestido sus mejores galas para presenciar el espectáculo ofrecido por estos tres mindundis. Y han ocupado los tendidos con una felicidad y una guasa... Éste público entendido que solo va a la plaza a dar por culo, suelta por la boca unas citas narrativas que ahora se dan en llamar "Nuevo Reglamento de la Maza".
A esto que va el gachón, que ocupaba su correspondiente localidad en el tendido, en el sexto toro, en el simulado tercio de varas, mal picado y "dise"... "Será cabrón er picaó, despué de picá tan malamente y ensima tiene la caradura er tio de quitarse er sombrero y saluá ar presidente. Manda cohone" Como ustedes comprenderán, después de escuchar tal lindeza narrativa de boca de tan aférrimo aficionado no me ha quedado más remedio que reirme. Deben ser los efectos secundarios de la guasa malagueña.
Y en función de lo que se ha escuchado en el tendido pues así ha estado la tarde. Un desastre y una verguenza para Málaga y los que nos sentimos malagueños de corazón, aunque no presumamos de malagueñismo ni poseamos las dotes suficientes para entender la guasa malagueña.
Rivera Ordóñez debería haber sido amonestado por continuar la lidia de su primer toro a pesar de que se partió las dos pezuñas.
Al Fandi se le concedió una oreja pueblerina y deshonrosa.
Y El Capea...El Capea más vale qué el padre le diga que ya está bien de tomarle el pelo a la gente.
La presidenta, Ana María Romero, como siempre, viéndosele el plumero y defendiendo los intereses de la empresa. La corrida del Marqués de Domecq nunca debió haber pasado el reconocimiento, pues no eran toros aptos para Málaga. Pero la niña presidenta sigue a lo suyo, haciendo daño a la afición y su ciudad, y ganándose además el nombramiento oficial de persona non grata en la capital de la Costa del Sol. ¡Váyase Sra. Presidenta, váyase de una puñetera vez!Y por último decir que en las puertas de acceso a la plaza sigue sin mostrarse la nota informativa de los toros a lidiar, como MANDA el reglamento, lo que demuestra que la empresa actúa como le viene en gana...pasándose el reglamento por el arco del triunfo.

miércoles, 19 de agosto de 2009

MÁLAGA. Crónicas de la corrida de Feria de ayer, martes 18 de agosto. Peor... difícil.

Reproducimos dos crónicas de la corrida de ayer en Málaga.

Aparicio ante el “artista” de Juan Pedro derrumbado por la invalidez y la mansedumbre

Comentario de José Mª Martínez para 'Toros con Retranca':
Antes decir que vaya y vaya con los toros de Málaga, que desastre y que falta de honestidad. Francamente la corrida fue para pedir a la salida la devolución del dinero en taquilla, ni Morante ni tonterías, no se puede calificar de arte lo que se le hace a una sardina, se pongan como se pongan los morantistas. Hartura de ver a este torero ante gatos y sardinas aupándolo a los cielos Canal Sur TV y compañía. ¿Sabrá Morante torear un toro bravo y en puntas?, ya veremos si lo demuestra algún día. Sinceramnte siempre me he sentido un bicho raro por las opiniones que doy sobre Morante pero hoy me siento arropado por Pepe Pastor del Blog Malaka Taurina que hace el siguiente comentario sobre la actuación del de la Puebla: Nada hizo Morante en el tercero con el terminó de pinchazo hondo. Silencio. En el quinto dio naturales de buena factura, pero a la faena le faltó, eso: ser faena. Media, y dos avisos que debieron ser tres por el tiempo transcurrido, pero el presidente, claro, pensaría: hay que ayudar al “mushasho” que viene aquí a probarse para ver si está en condiciones de ir a Bilbao a cobrar la millonada que le pagan. De todas formas el 'artista' de la tarde fue Aparico en su segundo gato. No he visto a nadie hacer tanto para impedir que le devolvieran el toro como a D. Julito ¡que arte!, y que rapidez la del presidente cambiando los tercios para ayudar al torero. Julito vió que el toro era un muerto en pie y ante la perspectiva de no tener que torear hizo lo indecible para que se mantuviera el bicho en el ruedo, una vez finalizado el tercio de banderillas y con la muleta en la mano el toro se echó y pare usted de contar. ¡Listo como una zorra este Aparicio!.

Toros de Juan Pedro Domecq, muy mal presentados, inválidos, nobles y descastados. Destacó el lote de Conde.
Julio Aparicio: bajonazo (silencio); pinchazo (bronca).
Javier Conde: estocada muy trasera (ovación); -aviso- estocada (oreja)
Morante de la Puebla: pinchazo hondo (silencio); media -aviso- -segundo aviso- (oreja)
Plaza de la Malagueta. 18 de agosto. Cuarta corrida de feria. Casi lleno.


Crónica de D. Antonio Lorca para El País:
Morante, al sobrenatural

Seguro que conocen aquél que se encuentra con un amigo y va y le pregunta "Oye, ¿cómo está tu mujer?". Y el otro le contesta: "¿En comparación con quién?".
¿Y los toros de ayer? Pues si se los compara con los que estaban anunciados, propiedad de Joselito, y que fueron rechazados al completo, se supone que un corridón. Pero si se coloca en la balanza la presencia necesaria en plaza de primera, una gatada. Hace falta una imaginación desbordante para suponer, siquiera, cómo serían los ejemplares que envió el otrora matador de toros. Pero el trapío del toro bravo está por los suelos entre el conformismo general. Y Málaga no es una excepción.
El espectáculo estaba anunciado como la corrida del arte, pero a punto estuvo de convertirse en un auténtico desastre si no se hace presente un salvador, reaparecido 11 días después de la cogida que sufrió en El Puerto de Santa María, y que responde en el mundo del arte al nombre de Morante de la Puebla. Lo parieron artista a este torero veleidoso y excéntrico. Desborda torería, y todo su hacer desprende un aroma profundo. Ocurrió en su segundo toro, otra birria, noble, sin casta ni recorrido. Pero se colocó el torero donde mandan los cánones, tiró de la mustia embestida y toreó al sobrenatural. Sí, porque sólo así se pueden definir esos alardes de naturalidad, de armonía, de inspiración, de aroma y de esencia, de toreo sublime y con vocación de eternidad. Fue a mitad de faena, después de un par de buenos derechazos, cuando surgió la chispa en tres naturales inmensos, hondos, hermosos, magistralmente abrochados con el pecho. Después, hubo un ayudado de cartel, otros tres naturales y un kirikiki, pero lo esencial, lo más grande ya estaba realizado. Tras media estocada, el toro tardó en morir y sonaron dos avisos, pero todo daba ya igual. Como si hubieran sonado los tres... En el fondo, una pena: con qué poco nos conformamos ya... Qué difícil es no bajar cuando todo baja, aunque se trate del arte excelso de un artista llamara Morante.
El resto del festejo no tuvo historia por culpa de los toros y, también, de los toreros. Exceptúese, en verdad, al citado Morante. Suyos fueron una verónica grande a su primero, y algunos detalles preñados de elegancia ante lo que, más que toro, fue una estatua de sal.
El primer artista anunciado fue Julio Aparicio, un torero de singular personalidad, pero que acusa carencias graves. Le falta vida; su valor está muy rebajado; su técnica, inexistente, y torea con la muleta retrasada y todas las ventajas entre el agobio y el encorsetamiento. Pasó con más pena que gloria ante su primero y nada pudo hacer ante el moribundo cuarto que provocó las protestas del respetable.
Y también figuraba el malagueño Javier Conde. Le tocaron los dos toros con más codicia y noble casta de la tarde, y su balance fue un suspenso sin paliativos. Es un torero muy frágil, muy ceremonioso en sus posturas, pero sin mando en sus manos. No puede con los toros. Se siente incapaz de ligar, no le obedecen ni el corazón ni las piernas, y todo queda muy deslavazado y destemplado. Dio muchos pases, muchísimos, y sólo destacó una tanda de naturales con la que inició la faena a su segundo. Después, un pase aquí, otro allí, precauciones varias y cambio constante de terrenos y táctica. Al final de la faena a su primero, se hizo un corte leve con el estoque en la pantorrilla de la pierna izquierda, lo que no evitó que lidiara el otro, al que le cortó una oreja de muy poco peso ante un toro que lo dejó en evidencia con capote y muleta. Pero así están las cosas en ésta y en casi todas las plazas del mundo taurino. Menos mal que, entre tanto desaguisado, todavía nos queda Morante...


Y lo que vieron nuestros amigos de Malaka Taurina:
Don Ildefonso: ¿y ahora qué?
Después de la corrida de hoy, poco ánimo me queda siquiera para dar un apunte de lo que se ha visto esta tarde en la Malagueta, que quedará para la crónica correspondiente. Quiero y debo decirle a don Ildelfonso Dell’Olmo que me ha defraudado profundamente. Tras sus primeros días en el palco parecía que era posible encauzar la debacle de la Fiesta en nuestra ciudad y para ello ha contado con el apoyo de muchas personas, entre ellas antiguos presidentes que le han prestado toda la ayuda necesaria, delegados gubernativos, veterinarios, y también por aficionados entre los que me encuentro que hemos creído en que un buen aficionado como usted con la ayuda de todos podía cambiar el sino de esta plaza. Por ello, después de lo visto en el ruedo del coso del Paseo de Reding no cabe más que sentirse decepcionado y desengañado. Usted, y bien lo sabe, era para muchos la esperanza que la afición de Málaga tenía para que su plaza fuera conducida por el camino de la dignidad, el respeto, y la categoría de un coso que andaba por lo suelos. Hoy con la corrida que usted ha aprobado ha dado al traste con tales esperanzas. ¿Me puede explicar como eran los toros de la corrida de Joselito que usted rechazó? ¿Acaso cucarachas?, porque no puedo entender la colección de raspas, eso sí algunos dirán que “en tipo” y “en puntas” (dudoso lo último, salvo el sexto ejemplar), de Juan Pedro que han saltado al ruedo. Por supuesto que usted no es responsable de la condición de dichas reses que han sido un compendio de mansedumbre, de falta de fuerzas y de casta, pues de ello es responsable el ganadero más nefasto de los últimos cincuenta años de la historia de la tauromaquia y la empresa que es quien ha comprado la corrida por exigencia de los toreros participantes, pues sino no puede entenderse que se compre ganado sabido es abocado al fracaso. Una vez más esta nefasta empresa, encabezada por don Fernando Puche, nos ha tomado el pelo a los que pasamos por taquilla. Para ella no cabe ya la más mínima consideración. Empresa de billete pequeño para comprar TOROS y a la que no consideran en el mundillo taurino porque ella no se hace respetar.
Antes de comenzar el festejo usted ha comentado que la corrida era para Madrid. ¿Estaba usted en su sano juicio cuando dijo semejante insensatez? ¿Estaba bromeando?, o acaso les estaba tomando el pelo a las personas que le escuchaban. Ayer le felicité por su valentía al rechazar la corrida del Tajo y La Reina pero también le dije que no echara el paso atrás. Sin embargo, hoy usted ha reculado de forma todavía incomprensible para mí después de haber dado el paso que dio. Ha traído el orden en el callejón, cosa también que era necesaria, pero no ha conseguido imponer su condición de aficionado en los corrales. Puede que hoy haya prevalecido su esencia política. Una verdadera lástima. Hoy me ha vuelto a demostrar que para subirse a un palco de una plaza de primera categoría es condición necesaria la de ser un gran aficionado, pero no única ya que esa cualidad debe ir unida a otras que distinguen a una persona por su forma de obrar: el carácter. Y usted hoy ha demostrado no tenerlo para lograr la autoridad necesaria que se debe poseer para poder ejercer la difícil encomienda de ser presidente de la Malagueta. Pero usted es presidente porque lo ha querido, nadie le ha obligado, y por ello hoy más que nunca es usted esclavo de su palabras, que en otra ocasión habrá que recordárselas si fuera preciso.
Además esta tarde ha demostrado no respetarme ni respetar a los que sostenemos la fiesta en Málaga pasando por taquilla al no devolver al lesionado cuarto; pero es que además ha sido poco inteligente. Mire, ese toro estaba lesionado de salida y en el tercio de varas quedó patente, pero como no se cayó usted no lo devolvió. ¿Es que acaso la caída de un animal inválido es el motivo determinante para devolverlo? ¿En qué reglamento se dice? Y a ello se sumó su mansedumbre que, y es lo cierto, era lo que más protestaba el docto público que por desgracia puebla los tendidos. Y todo se sumó, la invalidez y la condición protestada, y usted por arriesgarse aguantando al burel en el ruedo, sufrió una bronca, esta vez sí de primera, y con televisión por medio para mayor publicidad del despropósito. ¿A quién estaba usted defendiendo? Desde luego a la afición no. En estos casos el beneficiado final siempre es la empresa.
Deseo que usted sepa que lo que escribo lo hago con amargor, desilusión y casi tirando la toalla por la defensa de esta Fiesta que creí que era la mía, la nuestra, la que nos transmitieron nuestros antecesores. No le voy a pedir la dimisión, usted sabrá lo que debe hacer para mantener su dignidad y prestigio como aficionado, pues como persona siempre tendrá mi mayor reconocimiento. No le quepa la menor duda que le tengo aprecio. Espero que en lo que queda de Feria sea capaz de reconducir su labor como presidente de la Malagueta. Lo veo difícil, pero se lo deseo sinceramente.
Pepe Pastor/MALAKA TAURINA.


domingo, 2 de agosto de 2009

HUELVA. Crónica de la 2ª de las Colombinas, sábado 1 de agosto.


Reproducimos la crónica que sobre la 2ª corrida de la Feria de las Colombinas, sábado 1 de agosto, que realiza el crítico taurino D. Antonio Lorca para El País, por su indudable interés para los aficonados.


LA DEHESILLA/PONCE, MORANTE, PERERA
Toros de La Dehesilla justos de presentación, muy blandos, descastados y nobles.
Enrique Ponce: media trasera y ocho descabellos (silencio); _aviso_ estocada baja y un descabello (oreja).
Morante de la Puebla: pinchazo _aviso_ tres pinchazos, media baja _segundo aviso_ (palmas); estocada baja y trasera (pitos).
Miguel A. Perera: estocada (dos orejas); estocada (dos orejas).
Plaza de Huelva. 1 de agosto. Segunda corrida de las Colombinas. Casi lleno.

LA CRÓNICA:

La fiesta, bajo sospecha

El primer toro saltó a ruedo con el pitón izquierdo abierto como una flor. Nadie dijo ni mú. Pero no fue eso lo peor. Lo más grave es la previsible mutación genética que está sufriendo el toro bravo y que cambia la faz de la tauromaquia hasta convertirla en un espectáculo anodino y soporífero. Y éste no es un problema exclusivo de la ganadería anunciada, sino de la cabaña brava, como se puede comprobar en las plazas más exigentes. El animal bravo, vibrante, encastado y codicioso ha pasado a mejor vida, y ha dejado paso a una débil, enferma y amorfa caricatura que provoca lástima, desprecio y sopor.

Y en esta triste historia son protagonistas las llamadas figuras de la modernidad, que han conseguido el toro perfecto para cortar orejas en espectáculos que nada tienen que ver con una auténtica corrida de toros. Se aprovechan, claro está, del desconocimiento y la generosidad de un público indocumentado que cree estar viendo a Joselito revivido cuando lo que tienen delante es un señor vestido de luces intentando ponerse bonito ante un proyecto de cadáver.
En eso es un experto Enrique Ponce, una figura indiscutible y uno de los toreros más pesados del siglo XXI. Ayer, una vez más, le tocaron un aviso antes de entrar a matar. Y eso que el incapaz presidente onubense no parece tener reloj y es el culpable de que el festejo dure una dolorosa eternidad. Produce rubor contemplar a un torero delante de la tonta del bote, moribunda y descastada, intentando hacer no se sabe qué para contentar, supuestamente, al aplaudidor público de esta plaza. Así entienden la vergüenza torera los diestros más sobresalientes del escalafón. Su primero era un inválido, se dio dos batacazos y ahí se acabó la presente historia. Ponce intentó torearlo con el pico por delante, mientras los silentes tendidos esperaban con impaciencia que acabara. Pero eso no fue nada comparado con la faena de muleta a su segundo toro, interminable, la de nunca acabar, la insoportable labor de un torero pesadísimo que desconoce, al parecer, el sentido de la medida, tan necesario para todo en la vida. Cansó hasta el señor usía, que parece no tener prisa para nada. Pues una oreja le concedieron a pesar de todo. Vivir para ver.
No tuvo su tarde Morante. No lo pasó bien con su primero, que estaba cuajado de defectos -manso, violento, reservón, incierto y áspero-, y eso no gustó al torero, lógicamente. Pero en lugar de acabar con su oponente con celeridad, extendió incomprensiblemente el trasteo, mostró excesivas precauciones y a punto estuvo de escuchar los tres avisos. Tampoco le gustó el quinto; le dio de lo lindo el picador, y todo parecía indicar que las dudas ganarían la partida a la estética. Así fue. Y la tarde del artista fue para el olvido.
El triunfador fue Perera, pero qué bueno hubiera sido lo suyo si su primero llega a ser un toro como Dios manda. En su lugar se enfrentó a una mona de pascua con la que toreó de salón, con lentitud y elegancia, pero sin emoción. No se pudo negar, no obstante, su interés por agradar. Pero es otro torero moderno que no va a pedir toros cuando todos los demás exigen borregos. Se lució por ajustadas tafalleras ante el sexto, al que muleteó con seguridad, temple y elegancia tras brindar al respetable, en una labor de torero hecho y derecho.
A pesar de todos, por culpa de los taurinos y, sobre todo, de los toreros, la fiesta sigue estando bajo sospecha. Antonio Lorca

sábado, 1 de agosto de 2009

HUELVA. Crónica de la 1ª de las Colombinas, viernes 31 de julio.

El Fandi/EFE - 01-08-2009

Reproducimos la crónica que realiza D. Antonio Lorca para El País, sobre la primera corrida de la Feria de las Colombinas de Huelva, celebrada ayer, viernes 31 de julio. Un comentario de TOROS CON RETRANCA: Los que tuvimos la suerte de ver la corrida por televisión (canal sur tv) pese al inconveniente de los comentaristas, pudimos ver unas imágenes de los toros de ayer en el campo y en el embarque y está claro que los pitones que lucían en el campo no son los mismos que se vieron en la plaza, quizás sea un 'efecto óptico'. Algo dice D. Antonio Lorca al respecto.

LA CRÓNICA:

Peor, imposible
El primer festejo de la feria de las Colombinas de Huelva se pareció a una corrida de toros como un huevo a una castaña. Un desatino total. Peor, imposible. Y todo ello fue un resultado de la conjunción de adversas circunstancias, tales como un presidente incapaz, unos toreros vulgares, unos toros con cara de borreguitos y pitones sospechosamente afeitados, una banda de música sin orden ni concierto y un público ávido de orejas, triunfalista y generoso.
MARTELILLA/EL CORDOBÉS, EL FANDI, TALAVANTE
Toros de Martelilla, justos de presentación, blandos, descastados y nobles.
El Cordobés: casi entera perpendicular (silencio); estocada _aviso_ y un descabello (ovación).
El Fandi: estocada tenida y caída (dos orejas); estocada y dos descabellos (gran ovación). Alejandro Talavante: estocada trasera (oreja); casi entera y dos descabellos (oreja).
Plaza de Huelva. 31 de julio. Primer corrida de las Colombinas. Tres cuartos de entrada.

Entre todos la mataron y ella sola (la corrida) se murió
Entre todos la mataron y ella sola (la corrida) se murió. Y, después, le echamos las culpas a los antitaurinos. Sólo la bondad infinita e incompresible de los públicos de este país permite la francachela en la que los taurinos han convertido el espectáculo taurino, con el permiso y el consentimiento de la autoridad competente.
El presidente de la plaza demostró, por ejemplo, que no está capacitado para tal menester. Y no sólo porque permita tiempos muertos insufribles, sino porque carece de autoridad a la hora de conceder trofeos o para avisar a los toreros de que su soporífera labor lleva aburriendo al personal más de diez minutos, como ocurrió en el caso de El Cordobés.
¿Y El Cordobés? Se le presume a este hombre cara de buena persona, que derrocha simpatía, pero tiene un serio problema como torero: le resulta más fácil hacer reír que emocionar con su toreo. Y eso es grave porque vestirse de luces es algo muy serio. Es verdad que le cayó en suerte el peor lote, pero su sentido estético ha ido degenerando con los años hasta el desastre final en el que se mueve con enorme seguridad. Lo suyo no son capotazos, sino mantazos de acepción incalificable. Y muleta en mano no hace nada digno que pueda ser considerado toreo. Mal colocado siempre, sus pases surgen despegados, sin ton ni son, sin temple ni elegancia. Pero ahí sigue, con la sonrisa siempre en los labios, y ojalá siga muchos años, lo que significará que no ha sido capaz de acabar con la tauromaquia.
El Fandi lo da todo, pero, quizá, es que tiene poco que dar. Su primer oponente fue el más manejable de la tarde por su movilidad, nobleza y fijeza. El diestro lo toreó de toda forma y manera con capote y muleta, pero no nació este hombre con el don de sentir el toreo, y, claro, toda su labor resultó anodina y fría. Se esforzó también en el quinto, de menos calidad, y no cambió el panorama. Divirtió, eso sí, con las banderillas -casi todas puestas a toro pasado-, pero con evidente dominio de la suerte.
Y la guinda final la puso un apocado Talavante, que da la impresión de que tiene la sangre aguada y el ánimo personal en las zapatillas. Es buena su concepción del toreo, pero le vence la apatía; y se coloca mal y sus pases brotan sin mando, sin gusto ni elegancia. La faena de muleta al tercero hubiera sido un funeral de tercera si no es por el tachúm, tachúm, de la banda de música, que, al menos, amenizó el aburrimiento. Mejoró algo ante el bonancible sexto, pero sin alcanzar la dimensión torera que lo hizo famoso. Toreó sin ajuste y poco convencimiento, aunque el público le mostró ampliamente su contento.
¿Y los toros? Es verdad que Huelva es plaza de segunda, pero el toro siempre tiene que dar la impresión de fiereza y poderío. No deja de ser preocupante, aunque no le preocupe a nadie que todos los de ayer lucían unos pitones sospechosos de haber sido manipulados. A pesar de todo, el público salió contento. ¿De qué nos quejamos, pues...?. Antonio Lorca