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martes, 20 de septiembre de 2011

LOGROÑO. 2ª DE FERIA. Video Recortadores y crónica de la corrida de feria del lunes 19 de septiembre 2011.


Logroño, lunes 19 de septiembre de 2011. 2ª de Feria.
Media entrada. Toros de Jandilla, bien presentados y de buen juego en conjunto, destacando los nobles 1º, 3º, 4º y 5º. El Cid, saludos y silencio. David Mora, silencio y oreja tras aviso. Daniel Luque, oreja tras aviso y silencio.
Nada que ver la corrida de ayer con la de Palha del primer día en cuanto a trapío. La de Jandilla hubo de ser cuidada en la suerte de varas, si bien cumplieron en general en el caballo, se les cuidó el castigo. Vamos que la del hierro portugués recibió más castigo sumando dos toros que los seis del hierro gaditano. Ocurre que los toros de ayer tuvieron nobleza y calidad en varios astados, por lo que sin que se cortaran las orejas previstas por el juego en el último tercio, resultó más que entretenida. El primero de la tarde fue buen toro para el torero, calidad y repetidas embestidas con nobleza.
Al segundo le faltó continuidad en las embestidas; el tercero con tanta calidad como escasas fuerzas; el cuarto tuvo nobleza y poca humillación; el quinto fue bueno, muy bueno en sus embestidas largas y nobles; el sexto, sosote en el tercio final, noble pero sin emoción.
‘El Cid’ tuvo un primer toro de noble embestida repetidora. El torero le sacó muletazos de calidad en faena ligada y templada, un tanto despegado el torero embarcó al morlaco dando distancia, destacando, de las varias series que dio al natural dos series con mucha enjundia y calidad, con el defecto destacado de tomar al toro sin embraguetarse. Hubiera cortado una oreja si mata bien. El público le obligó a saludar al insistir en los aplausos. En el cuarto, brindado al público, le enjaretó dos series por el derecho con mando y ligazón y una serie, por citar lo más destacado de su labor, al natural llevando muy toreado al burel. Volvió a fallar con la espada y la cosa quedó en palmitas.
David Mora sustituyó al lesionado Alejandro Talavante. Su primero se venía largo al engaño metiendo la cabeza con embestida clara. La faltó continuidad al toro y sobre todo al torero que estuvo correcto, se ‘despatarra’ demasiado. Su segundo tuvo embestida clara y repetidora. Hubo de series por ambos pitones, más por el pitón izquierdo, de hasta cinco muletazos ligados y templados. Faena con calidad en varios pasajes. Quizás le faltaran un poco más de acoplamiento, más estrechura, más embraguetarse, pero toreó francamente bien. El toro, después de la estocada (había sonado un aviso antes de entrar a matar) tardó en morir, posiblemente eso le privara de la segunda oreja.
Daniel Luque tuvo un primer toro con calidad en el último tercio. Lo toreó con variedad y gusto, algunos naturales tuvieron usía. Una serie por el derecho fue muy buena y algunos naturales en cercanías y ese citar muñeca al revés con técnica y torería. El que cerró plaza, noble pero soso no daba para mucho. Luque lo toreó bien sin más, echando emoción sin toro.
Fuente:larioja.com




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lunes, 28 de septiembre de 2009

BARCELONA. FERIA DE LA MERCED. JOSÉ TOMÁS EN ESTADO DE GRACIA PLENA.

El torero José Tomás realiza un pase de muleta con la rodilla hincada en la arena de la Monumental de Barcelona.- AP
Reproducimos la crónica que realiza para El País D. Antonio Lorca, sobre la corrda de tors celebrada ayer, domingo 27 de septiembre, en Barcelona.

Apoteósica metamorfosis

Fue una emocionante y preciosa tarde de toros la de ayer en Barcelona, protagonizada por un grandioso José Tomás en estado de gracia plena, transformado en un virtuoso del dominio, de los terrenos y las distancias, de la profundidad y del aroma, del toreo verdadero, grande y profundo. Torero, torero, le gritaba la plaza entera, puesta en pie, y embargada por la emoción, cuando terminó de dar la vuelta al ruedo con las dos orejas de su segundo toro.

Fue un triunfo apoteósico de este mesías nacido para revolucionar el toreo, aunque él prefiera que pase de largo ese comprometido cáliz; y una ocasión propicia, también, para comprobar con deleite la extraordinaria metamorfosis de este torero.
Ya no es el loco que parece despreciar la vida cada tarde, y sobrecoge y estremece con un valor temerario y escalofriante; ya no es el hombre que parece atropellar la razón, ni un loco, ni un tremendista que desparrama angustia. José Tomás ha ganado en madurez, en concepción artística, en oficio, en gracia y en sabor torero. Su toreo ha pasado del estremecimiento al embelesamiento. Adiós al dramatismo y al morbo; bienvenido sea el arte puro.
Con estas credenciales recibió a su primero a la verónica, a cámara lenta, armoniosamente... Brindó a los tendidos. Plantó las zapatillas en la arena y los estatuarios ceñidos convirtieron la plaza en una olla a presión. Con pasmosa serenidad, a placer, como quien torea de salón, ligó varias tandas de derechazos excelsos, casi enlazados en circulares, con el toro embebido en la muleta. Y el animal se fue mostrando como un toro codicioso, encastado y nobilísimo, de largo y continuo recorrido, incansable en sus embestidas, que mejoró en cada uno de los compases de la faena. Y tanta calidad derrochó el animal, que llegó a desbordar a Tomás cuando éste tomó la izquierda. Claro que el torero citaba con el pico, si cruzarse, y los naturales perdieron hondura. La muleta resultó enganchada, se produjo un desarme y parecía que todo se diluía. Surgió, entonces, el maestro, y cautivó a la concurrencia con ayudados rodillas en tierra, molinetes engarzados con pases del desprecio y larguísimos pases de pecho. Fue, en verdad, una faena grande, pero no arrebatadora. El grandioso fue el toro, mejor que Tomás, de menos a más, hasta la merecidísima vuelta al ruedo.
Volvieron las exquisiteces a la verónica en el quinto, un precioso quite por delantales y una demostración de galanura al llevar a una mano el toro al caballo. Pero el animal se desfondó y llegó al tercio final sin fuelle ni recorrido. Pero allí había un mago. ¡Como lo oyen! Lo mira y remira, le busca las vueltas, lo acaricia, le muestra el camino, lo despierta de su letargo... y los pases resultan limpios, aunque faltos de la necesaria emoción. Tomás se coloca de frente y dibuja naturales de auténtico ensueño, sencillamente majestuosos. Se perfila para matar en el centro del ruedo y pincha. Ohhhhh... Intenta borrar el error, y lo consigue con unas manoletinas ajustadas antes de cobrar una buena estocada entre el delirio general.
Pero no fue Tomás el único que toreó como los ángeles. El muy frágil y medroso Aparicio dijo aquí estoy yo en su primero y lo veroniqueó primorosamente; fueron seis capotazos lentísimos, rebosantes de empaque, toreando con el cuerpo y el alma a la vez. Unas gotas de genialidad... El resto, mejor olvidarlo. No le responden las piernas ni el corazón. Es precavido en exceso y, además, no sabe mentir. Lo abroncaron con fuerza, pero con cariño; como se riñe a un ser querido. Y quedaba el tercer artista. Morante lo intentó con todas sus fuerzas. Su primero mostró un molesto cabeceo y le emborronó una labor de detalles sublimes, preñados de torería. Sería una pena, visto lo visto, que la política acabara con la fiesta en esta tierra. Pero esta corrida de arte, cierre de la temporada en Barcelona, ha podido ser la última corrida que se celebre en este coso.
Antonio Lorca