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lunes, 17 de agosto de 2009

GIJÓN: Última de Feria. Puerta grande al mando de El Juli



IGNACIO PELÁEZ

16 de agosto. 7ª de abono. tres cuartos de entrada. Seis toros del Conde de Mayalde. Bien presentados. Inválidos 2.º y 3.º Colaborador el 4.º Buenos, 1.º y 5.º
El Juli (nazareno y oro): dos pinchazos, estocada atravesada, dos descabellos (ovación); estocada, descabello (silencio); estocada tendida (dos orejas).
José Mari Manzanares (burdeos y oro) pinchazo, estocada (silencio); estocada (oreja); estocada que hace guardia, estocada (palmas).

Prometía el cartel, por lo que supone un uno contra otro en el ruedo. Por poco se queda la rivalidad en ver quién evita mejor que el toro se caiga.

Abrió plaza un toro bien hecho al que Julián recibió a la verónica. Cumplió el animal con el del castoreño y quitó el torero por chicuelinas y tafalleras. Flexionado, empezó la faena de muleta por alto para llevar a los medios a su primero. Paso atrás, muleta en la cara y cruzado para que el toro pase. Buenos derechazos antes de cambiar de mano. Andarín el antagonista, no terminó Julián de acoplarse y volvió a montar la muleta. Se empezó a acostar por el derecho hasta terminar por apagarse.

Quiso gustar El Juli y ejecutó la suerte suprema recibiendo con más elegancia que solvencia. Pinchó dos veces y a la suerte natural metió la espada y previo descabello recogió desde el tercio una merecida ovación. Tras el inválido tercero le quedaba una última opción de triunfo. Saludó con el capote estirándoso a la verónica y dejó crudo al de Mayalde. Pidió el cambio con cuatro palos y montera en mano se fue a los medios a brindar. A pies juntos y sin rectificar toreó por alto al toro. Con precaución le dio cuatro por el derecho y el remate. Muleta en la cara y llamándole largo. Arriesgó el torero a dar uno más y lo tragó el toro, que sólo veía muleta. Así se hace una faena, sin prisa, lento y por abajo.

Siempre pegado al engaño, lo llevó el torero por ambos pitones. Aguantó el toro cuando Julián le bajó la mano y, humillado, pasó el mejor toro de la corrida por la franela, colocada en su sitio. Se fue a por la espada y cerrando al toro con ayudados por alto manchándose el vestido, remató con una trincherilla de cartel. Estocada hasta los gavilanes y dos orejas. Premio justo al mando que tiene el maestro con los toros.

Al hablar de elegancia frente al toro es de justicia mencionar a José Mari Manzanares. Si el madrileño bajó la mano, no menos Manzanares al segundo de su lote. Otro toro potable del encierro al que cortó una oreja. Toquecito con la muleta para meter al toro en el engaño. Iba bien por el derecho, le dio espacio José Mari para que tragara. Tragó cuatro y le alargó la muleta repitiendo con nobleza. Metió bien la mano, y oreja. A por otra se fue en el que cerró plaza para acompañar a El Juli por la puerta grande. En el sexto llegó el mejor toreo al natural de la tarde. Ligado y a compás pasó el toro, que pedía menos continuidad en las series acusando la falta de fuerza. Lo vio el de Alicante y tres por abajo con remate ceñido a la cintura. Bien entendido a su oponente, tenía la oreja. Hizo guardia la espada y no pudo tocar pelo. Gijón le despidió con una fuerte ovación. Nobleza y flojedad le sobraron a la corrida. La bravura la pusieron Manzanares y El Juli: dos toreros.

Fuente: La Nueva España.

sábado, 15 de agosto de 2009

«Cayetano y yo tenemos maneras de pensar similares»



«El triunfo da alegría y satisfacción, pero siempre tienes que torear al día siguiente y no te da tiempo a celebrarlo»




Foto:Curro Vázquez. / ángel gonzález
Gijón, Ignacio PELÁEZ
Curro Vázquez, contento por la reaparición de Cayetano Rivera Ordóñez, no perdió detalle de los toros, ayer por la mañana, en el apartado. Matador de toros de primer nivel, Curro es ahora el apoderado de Cayetano.

-Temporada con complicaciones. ¿Ya está recuperado el maestro? -Efectivamente, ya está recuperado. Ha estado un poco fastidiadillo, pero ya está bien.

-¿Qué implica ser apoderado de Cayetano? -Pasas preocupación, nervios. Lo lógico de llevar a un torero nuevo, pero con la responsabilidad tan grande que lleva.

-¿Qué comparten Curro Vázquez con Cayetano frente al toro? -Compartimos muchas cosas, tenemos maneras de pensar similares: el gusto por algunos toreros, suertes del toreo iguales. Pensamos muy parecido y cambiamos muchas opiniones con frecuencia.

-¿Y fuera? -Fuera de la plaza Cayetano es un tío extraordinario. Y yo espero serlo también (ríe).

-¿Disfruta con los triunfos del torero? -El triunfo siempre te da alegría y satisfacción, pero siempre tienes que torear al día siguiente y no te da tiempo a celebrarlo. Para eso, el mejor momento para disfrutar y celebrar es cuando llega el mes de octubre. Me pasa como cuando yo toreaba.
Fuente:La Nueva España.

viernes, 14 de agosto de 2009

Perera, seis orejas, un rabo


13 de Agosto. 4ª de abono. Casi lleno.
Se han lidiado seis toros de Jandilla (el sexto con el hierro de Vegahermosa). Justos de presentación. Muy flojos los cuatro primeros. 4º inválido. 5º manejable y el sexto, Envidioso Nº 17 Negro, premiado con la vuelta al ruedo (se le pidió el indulto).
Miguel Ángel Perera (purísima y oro): palmas; ovación con saludos tras petición, oreja, palmas, dos orejas y dos orejas y rabo.


Ignacio Peláez.
Llegaron pereristas a Gijón desde todas partes, en especial, de su tierra natal. Badajoz, casi al completo, estaba en “El Bibio” para ver la encerrona de su paisano.
Se derrumbó el cuarto en el ruedo y con ello las esperanzas de muchos. No estaba siendo la tarde como se esperaba. Hasta ese momento un quite por chicuelinas muy ceñidas en el segundo, los faroles de rodillas y las tafalleras del tercero. Eso y la voluntad de Perera, el saber estar y el querer romper la tarde con lo que estaba saliendo por toriles. Se reunían los fantasmas amantes del refrán taurino: corrida de expectación, corrida de decepción. Hasta que salió el quinto.
Agarró el capote el torero y por gaoneras enderezó la tarde. Perera no quería fracasar, eso es una figura, el que se niega a perder la batalla, el que no deja que se le vaya la tarde. No se me va, porque no me da la gana a mí dijo Perera cuando con estatuarios en el tercio sacó con el de pecho un poco para afuera al de Jandilla. El toro tomó la muleta por el derecho, Miguel Ángel le dio sitio y tiempo, se cruzó y pasó. Aguantó dos tantas buenas por ese pitón. Tragó saliva Perera al natural. El toro, renqueante, le pasaba cerca y con la cara a media altura. Le sobró valor toda la corrida, eso es ser torero, hacer que el toro entre en la muleta porque hasta que no pasó, no se movió el de Puebla de Prior. Manoletinas para gustarse y a matar. No hacía falta más. Estocada y dos orejas. Otro aire se respiraba en la plaza, y el gris de la tarde se convirtió sólo en el del cielo.
Quería más Perera. Tres faroles y a la verónica de rodillas, me levanto por chicuelinas y me vuelvo abajo para cerrar con una larga cambiada. Aquí mando yo le dijo al de Vegahermosa. Aceptó el mandato del torero y fue el toro por donde le señaló el maestro. Lo dejó vivo en el caballo y permitió a los sobresalientes intervenir en el tercio de quites (como hacen los toreros), por chicuelinas Álvaro de la Calle y a la verónica “Chapurra”, pero la tarde era de un señor, Perera replicó los quites. Por saltilleras y tafalleras levantó a los peñistas que predecían algo grande.
Más aún cuando Miguel Ángel agarró los garapullos. De poder a poder y clavando en la cara. Cerró el tercio con un quiebro al hilo de las tablas. Sin descansar ni un momento se fue Perera a los medios para brindar al público. Rodillas en tierra citó de largo, se desplazó el toro de Borja Domecq. Muy por abajo lo llevó pegado Perera a su muleta, se levantó y con el de pecho rompió la plaza. Encarriló el tren que había chocado con el jabonero cuarto.
Siempre por abajo, despacio, como la embestida del astado. Probó Perera a alargarle el viaje y repitió así otra tanda por el derecho. Aseguró en redondo la respuesta del público y cambio de mano. Más largo iba Envidioso por el izquierdo y más a gusto se encontraba el matador. Mañana tendrán que tapar el socavón que dejó Perera en el ruedo. No movió las zapatillas del metro cuadrado en que toreó al sexto. Vibrando estaba la gente cuando empezó el toreo en redondo. Repetía el toro y allí tenía la franela del torero para seguirla, siempre se la puso en la cara y por abajo. Sin mentiras. Volvió a la izquierda y otra tanda más, veinte muletazos los llevaba el toro, eso, sin contar los capotazos que le dieron al animal en quites. Por el derecho, al natural seguía engolosinando el diestro y el toro repetía con alegría. Rápido salieron los pañuelos blancos entre los olés del tendido a cada pase. Se pedía el indulto para Envidioso, que nada tenía que envidiar a los petardos que tuvo por hermanos.
Decía Ortega y Gasset que quien quisiera saber cómo estaba el país se fuera a una plaza de toros. La crisis es evidente, no damos ni lo que no es nuestro.
Indeciso Perera, decidió dar muerte al sexto. Efectivo fue el espadazo del torero, se echó el toro y se pidieron los máximos trofeos. Menos mal que se desbocaron las mulillas, sino, el momento hubiera pasado a los anales por algo más. Pero la historia llevaba firma exclusiva. Firmó Perera en “El Bibio” una tarde para hemerotecas. No se apartó de la cara de sus oponentes en ningún momento de la lidia. Atornillado al suelo pasó la encerrona. Nada se le puede reprochar. “Catedrático” le gritaron desde el tendido, hoy Perera ha creado escuela.